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El hombre virtuoso

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Prócoro Hernández Oropeza procoroh@gmail.com Se dice que una persona es virtuosa debido a que su vida es ejemplo de amor, sabiduría, humildad, generosidad, caridad, templanza, diligencia. Es una persona que ha conquistado una gran victoria interior, ha ganado miles de batallas internas en contra de los miles de agregados psicológicos que gobernaban sus pensamientos, emociones y voluntad. Una persona virtuosa sólo es expresión del amor puro. La palabra virtud, del latín virtus, igual que su equivalente griego, areté, significa "cualidad excelente", "disposición habitual a obrar bien en sentido moral". En síntesis, las virtudes son lo opuesto de los defectos o egos. Las fuentes de la doctrina sobre la virtud son Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino. Ellos fincaron en el mundo occidental, las bases de lo que hoy conocemos como virtudes. Para Platón la virtud es el dominio de la parte racional del alma sobre la parte apetitiva (tendencia a lograr un fin sensible...

La poesía y el mar

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Prócoro Hernández Oropeza procoroh@gmail.com Creo en el poder de la palabra, pero esa palabra que proviene del corazón del corazón: La palabra de luz, de sabiduría, de amor y compasión. Con cerca de una treintena de letras podemos formar miles de palabras, tantas que tardaríamos algunos días para leer todas las que el diccionario ha acumulado a lo largo de nuestra historia. Con esas 27 letras, según los académicos se pueden formar entre 300 mil y 400 mil palabras, de las cuales la mayoría apenas usamos menos de mil. Algunas estadísticas aseveran que la mayoría de la gente usa un promedio de 300 palabras, porcentaje que varía de acuerdo al nivel cultural o académico. Una persona culta e informada usa unas 500 palabras. Un escritor o periodista puede usar hasta 3 mil. Cervantes utilizó 8 mil palabras diferentes en su obra máxima Don Quijote. Esto que refiero viene a colación porque la poesía es sin duda uno de los géneros que sabe estructurar con precisión matemática y filosófica el...

La providencia abre el paso

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Prócoro Hernández Oropeza Hace más de una década asistí a un diplomado en Alta Dirección, organizado por una universidad local. El profesor que la impartió había sido un estudiante jesuita y cuando nos dio un manual para realizar un “Plan de viaje”, en la portada venía esta inscripción: . Esa frase me conmovió, sobre todo la palabra providencia. En ese tiempo no era muy creyente y la palabra providencia me pareció adecuada para pensar que la providencia podría ser el destino, una energía o inclusive un Dios. Lo más importante de este viaje es que empecé a definir mi futuro y sobre todo a iniciar un camino de despertar espiritual. En efecto, esa palabra providencia se quedó muy grabada en mi mente y desde entonces empecé a buscar respuestas que me venía haciendo, tales como ¿Cuál es mi misión? ¿A qué vine? ¿Por qué vine a este planeta? ¿Acaso existe un Dios que nos observa y nos juzga, e inclusive nos castiga si nos apartamos de sus mandatos? Hurgando en el diccionario de Wikipedia...

La inspiración, fuente divina

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Prócoro Hernández Oropeza La inspiración es una acción, un pensamiento, una idea que nos permite expresar lo más bello de nuestra propia esencia. Es ese acto que nos permite conectarnos con la fuente de sabiduría y de luz que habita en nuestro interior. También se le reconoce como un estímulo o lucidez que favorece la creatividad, la solución a un problema, la generación de ideas para emprender un proyecto; en el caso de los artistas, es esa Musa, o inspiración divina que les impulsa a la creación de grandes obras de arte, desde un cuadro pictórico, una novela, un poema, una escultura o una pieza musical gloriosa. Picasso solía decir que cuando llegara la inspiración lo encontrara trabajando. Y es que la inspiración, esa conexión con nuestra sabiduría interna no se presenta de instante en instante. Y no lo hace porque normalmente andamos distraídos, pensando en miles de cosas, principalmente de nuestra vida ordinaria. La inspiración llega cuando nos desconectamos de la mente ordina...

El camino del Buda

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Prócoro Hernández Oropeza 2ª y última parte En el camino budista o el Óctuple Sendero propuesto por Buda, del que comenté en la columna anterior, sólo alcancé a apuntar sucintamente lo que define como la visión Perfecta, emoción perfecta, habla perfecta, acción perfecta, esfuerzo perfecto y atención perfecta. En esta entrega voy a hablar de las restantes etapas de este camino: subsistencia perfecta y el Samadi perfecto. A pesar de que Buda dejó su vida de príncipe y se fue en busca de su sendero espiritual, viviendo con ascetas y aislado del mundo, este maestro no se desligó de su entorno; era un hombre de su tiempo y nunca volvió la espalda a lo que pasaba en su sociedad. Habló de los temas más relevantes, entre ellos la forma en que sustentamos nuestra vida material, incluso cuestionó el sistema de castas muy arraigado en India y afirmó que nadie es un noble por razón de su cuna sino por sus actos. En relación a la subsistencia perfecta, Buda propuso que para seguir un camin...

El camino del Buda

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Prócoro Hernández Oropeza 1ª Parte Buda, en su cartografía o mapa para la iluminación legó ocho caminos, denominado el óctuple sendero. A saber: 1. La visión Perfecta, emoción perfecta, habla perfecta, acción perfecta, subsistencia perfecta, esfuerzo perfecto, atención perfecta y el Samadi perfecto. Todo parte de obtener una visión perfecta o vislumbre de quiénes somos realmente, una intuición que nos permita salir del estado de adormecimiento en que nos encontramos, ese estado ordinario que nos mantiene en la ilusión del sufrimiento. Esta visión nos llevará a la búsqueda de respuestas acerca de quién soy realmente, del por qué vine a esta existencia y cuál es mi misión en ella. Una vez que se emprende esa búsqueda surge 2. La emoción perfecta, una emoción que no está apegada a los sentidos, sino que surge del corazón, del amor. Esto sucede cuando se elimina todo rastro de deseo neurótico, odio y crueldad y por el contrario se despliega amor, compasión, alegría por la felicidad ...

El significado de la primavera

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Prócoro Hernández Oropeza Hoy inicia una nueva primavera, una de las cuatro estaciones del año que transcurre entre el invierno y el verano. La oscuridad, el frío quedan atrás y la luz recobra su esplendor. Los campos reverdecen nuevamente, los árboles se visten de colores, los pájaros trinan como si fueran orquestas de la alegría. En términos psicológicos, la primavera se traduce como ver con nuevos ojos, renovarse, renacer, cambiar de piel. Semánticamente significa una primera vista de algo. No por casualidad Antonio Vivaldi bautizó “Primavera” al primer movimiento de Las cuatro Estaciones, una de sus más excelsas obras. Espiritualmente, la primavera debe florecer en el corazón. Generalmente nuestro corazón, la mayoría de las veces está en perene invierno, atosigado por las preocupaciones, la ira, el resentimiento, la tristeza, soledad, angustia, estrés. O bien obnubilada por gruesos nubarrones o tifones de desencuentros amorosos, de truenos y centellas de los arcontes del sufri...