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Mostrando entradas de agosto 21, 2016

Concentración y meditación*

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Prócoro Hernández Oropeza Los maestros lo dicen: sin concentración no es posible la meditación. Para aprender a meditar es necesario aquietar la mente, ya que la concentración es un primer peldaño para lograr una verdadera meditación. El maestro Sivananda decía que la concentración y la meditación son los senderos reales para la perfección. La concentración, sea en un punto fijo, interno o externo o en un mantra sirve para purificar la mente, pero también debe ir acompañado de un entrenamiento ético. ¿Qué significa esto? Sencillamente que a la par debe haber un trabajo de practica espiritual, de eliminación de los agregados psicológicos; un trabajo interior de auto observación, de atención consciente. La concentración sin pureza mental carece de eficacia. Muchas personas quieren meditar y no pueden, no existe concentración debido a que su mente está llena de pasión y de toda clase de deseos fantásticos, preocupaciones, angustias, expectativas, estima el maestro Sivananda. Su mente

Reparte bendiciones

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Prócoro Hernández Oropeza Cuando un hombre va por la vida repartiendo sus desgracias indudablemente va compartiendo sus miserias, el sufrimiento. Es más común que la gente hable de sus desgracias y las comparta con sus amigos, familiares y hasta con desconocidos. Eso habla de la calidad de su vida y de su desarrollo espiritual. Los grandes maestros aconsejan que en vez de repartir nuestras desgracias, compartamos bendiciones. Si alguien me ofende o me lastima, en vez de contraatacar o responder con la misma moneda, puedo mandarle bendiciones. En vez de compartir mis desgracias con alguien, es mejor contar y repartir mis bendiciones y agradecimientos por todo lo que sucede en mi vida, en mis experiencias, sean gratas o no, positivas o negativas. Como afirma un maestro: “La vida es un regalo muy preciado. Si tomamos la vida como un regalo, eso resolverá los problemas del mundo.” Es un regalo que se nos otorga para aprender a amar, a comprender nuestra verdadera identidad, nuestra mi