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Mostrando entradas de julio 9, 2017

La necesidad de un maestro, Swami Sivananda VIII

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4ª parte y última entrega. KuppuSwami como se llamaba, antes de ser conocido como Swami Sivananda, ya convertido en doctor, lleno de un deseo enorme por el crecimiento espiritual y la iluminación fue al Norte de la India a buscar a su Guru. Después de pasar algún tiempo en Varanasi (Benares), viajó al norte, hacia los Himalayas. Allí, en la ciudad santa de Rishikesh (que significa "la morada de los sabios"). Ahí descubrió su Guru, quien le dio Sannyasa (votos de renunciación de un monje). Luego de hacer esos votos, Swami Sivananda Saraswati, como sería conocido de allí en adelante, y por los siguientes diez años aproximadamente, comenzó un Sadhana (prácticas espirituales) y Tapas (austeridades) diario y sumamente intenso. Al finalizar este período, muchos compañeros Sadhus, se sintieron atraídos hacia Swami Sivananda, para su instrucción e inspiración espiritual. A partir de entonces Swami Sivananda se convirtió en uno de los maestros de Yoga más prolíficos que nunca

La necesidad de un maestro, Swami Sivananda VII

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3ª parte. Llamado anteriormente Kuppuswami, Swami Sivananda nació el 8 de septiembre de 1887, en el seno de una ortodoxa familia de bramines en una aldea al sur de la India. Desde muy joven, le fue confiada por su padre la tradición védica, mostrando una inclinación natural hacia al estudio y práctica de la filosofía Vedanta. Poseía una mente excepcionalmente abierta y libre de prejuicios. Para Sivananda la religión no se puede enseñar o comprender mediante la simple argumentación o discusión: “No puedes hacer que alguien se vuelva religioso solamente con preceptos o cánones religiosos. Ello requiere un equilibrio particular con nuestro vasto entorno, y una habilidad para sentir tanto lo más profundo, como lo más ilimitado. También se necesita sentir una simpatía genuina con la creación. La religión es un modo vida, no mera charla o demostraciones. Sostengo que cualquiera que sea nuestra religión, cualquiera el profeta que uno adore, cualquiera que sea el lenguaje, el país, la