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Mostrando entradas de octubre 20, 2013

Serenidad y dominio

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Prócoro Hernández Oropeza En esta dualidad en que vivimos es difícil desapegarnos de los halagos o de los improperios. Si alguien nos prodiga alabanzas, algo en nosotros se siente contento. Si al contrario, una persona fustiga contra mí, me ofende o me juzga, ese otro se enfurece. Si es halago el orgullo se ve robustecido; el ego de la vanidad necesita que le estén diciendo cosas bonitas, frases que le recuerden que es una persona valiosa, importante, capaz, triunfadora. Sin estos apapachos no puede vivir y se siente mal cuando ese ego percibe que no le reconocen su valía, sus talentos. Su autoestima depende de lo que otros se lo reafirmen. Lo mismo sucede cuando una persona nos ofende o cuestiona nuestra identidad de bueno, valioso, hermoso, inteligente. Aparece el ego de la vanidad, asociado con el ego de la ira y los dos se unen en mancuerna para fustigar o cuestionar o hasta golpear a quien le está ofendiendo o descalificando sus atributos. Confundimos nuestra verdadera identid

El poder de la lectura

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Prócoro Hernández Oropeza El poeta José martí, a propósito de los que sí leen, describe contundentemente a este tipo de seres raros: “Tiene la palidez de los hombres que leen mucho.” Y seguramente como él fue un gran lector en otro verso se describió: “Yo debí nacer sobre una pila de libros”. Es indudable que los hombres trascendentes, lo son porque de alguna manera se ilustraron, es decir tuvieron contacto con los libros, el conocimiento, la sabiduría. También he afirmado que la acumulación de conocimiento no necesariamente nos hace sabios. Podemos leer muchos libros, contar con una gran biblioteca, la mejor biblioteca del mundo, lo cual no significa que sea un hombre ilustre. Un gran escritor lo es porque, además de leer, tuvo la intuición de seleccionar sus lecturas, sus autores más afines, incluso de acercarse a aquellos que no le apetecían tanto. Esas lecturas, el contacto con los libros, el mundo de las palabras, además de su intuición, le facilitaron el don de la palabra y l