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Mostrando entradas de octubre 18, 2015

Y llueve, está lloviendo

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Prócoro Hernández Oropeza Vivir en esta zona del Pacífico, con un clima benévolo, o cuando menos más que en distintas ciudades del mundo y del país, es maravilloso. He vivido en cinco estados: en Tlaxcala donde nací, en el Distrito Federal a dónde fui a Estudiar; en Culiacán y Mazatlán, en Sinaloa; en Cancún y finalmente arribé a esta bella ciudad: Puerto Vallarta. Y afirmo con conocimiento de causa que en esta región el clima es generoso: unos seis meses de clima templado, con frío tolerable en invierno y un clima cálido, poco extremoso en verano. Pero ese calor se compensa cuando llueve, entonces el ambiente se refresca, los pájaros cantan, los cerros tornan su ropaje con un verde intenso, a veces cubiertos por sábanas blancas. Convivo con muchos turistas extranjeros a quienes les imparto clases de yoga y la mayoría se admira por la belleza de esta ciudad y región, por su bahía, sus playas, la gente, los atardeceres, las gaviotas que vuelan con garbo y sus montañas que parecen

En busca de la paz interior

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Prócoro Hernández Oropeza Si revisamos las páginas de un diario local, nacional o las secciones internacionales, se observa que el mundo no está en paz, la humanidad sigue envuelto en crisis permanentes, en graves conflictos, no sólo entre hermanos de un país, sino en desavenencias regionales o entre naciones. La paz es un anhelo que parece inalcanzable para muchos. El conflicto en Siria, Irak, Palestina, Israel, Irán, por citar algunas, son ejemplo de esta lucha fratricida. Fratricida porque se siguen matando seres, que aunque no se reconozcan como tales, todos somos una fraternidad, todos somos una gran familia habitando este bello planeta. Y lo hemos dicho antes, la paz exterior no será posible mientras no exista paz interior. Mientras en nuestro interior se libren grandes batallas entre nuestros demonios y nuestra verdadera esencia, no podrá haber paz interior, ni con quienes nos rodean; con nuestros hijos, hermanos, vecinos, parientes o familiares. Decían los antiguos maestros

El camino del fakir II

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Prócoro Hernández Oropeza La búsqueda de la verdad ha sido uno de los temas torales de la humanidad. ¿Quién soy en Realidad? ¿A quién pertenezco? ¿Soy algo más que este cuerpo, esta identidad, mi historia personal? O soy un ente más profundo, sublime o distinto. Es por ello que se han generado religiones, filosofías, creencias que tratan de explicar esas cuestiones. En estos caminos de búsqueda existen, a grandes rasgos, cuatro sendas o caminos: El faquir, el monje, el yogui y el guerrero espiritual o camino de la luz o el filo de la navaja. El fakir busca el dominio total sobre lo corporal. El monje pretende el desarrollo del sentimiento, el yogui persigue la perfección de la mente, trascendiendo la dualidad característica en que esta se debate, haciéndola apta para recibir el conocimiento. Más el cuarto camino, el camino del hombre equilibrado, conduce a la perfección y armonioso desarrollo de todos los centros de la máquina humana, a través del despertar de la conciencia, trabaj