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Estoy cantando

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Si todos los días nos levantáramos cantando, el alma se mantendría sosegada y la mente, esa mente loca, ansiosa por conquistar el mundo, se quedaría quieta, sin saber cómo responder, a quién atacar, con quién jugar, a quién asesinar, a quién robar, a quién ofender, a quién gritar o a quién reganar por esto que está pasando.  Cantar nos alegra el corazón, pero también depende de qué tipo de música voy a cantar. Si estoy triste o deprimido y me pongo a escuchar a una paquita la del Barrio con sus canciones lastimeras y plenas de rencor, sólo estoy alimentando a mis egos de la ira y el resentimiento. No creo que esa música nos ponga felices, en todo caso son esos egos los que se ponen felices y disfrutan tanta ofensa y denigración. La música, la buena música, puede sanar el alma. Está ya comprobado científicamente que piezas de música clásica de Beethoven, Chopin o Mozart puede sanar enfermedades, no sólo físicas, sino aquellas que laceran el alma. Algunas piezas de buen...

Agosto, Augusto a gusto

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Se fue agosto, no sin antes hacernos pasar algunos desaguisados. Me refiero a los tremendos aguaceros, la escasez de huevos y el dilema sobre el fallo de la corte con respecto a las elecciones presidenciales. Cada mes que se va nos deja recuerdos, algunas huellas en la memoria. Unos muy lenitivos o laxos y suaves, otros amargos o pesados. Y no es que los meses sean malos en sí mimos, eso depende de la percepción con que los vivamos o experimentamos. No hay meses ni buenos ni malos, simplemente forman parte de nuestras experiencias de vida. Agosto se me figura un mes con lluvia, con mucho verdor, atardeceres largos y nublados, pero cuando el sol brilla, quema y lacera nuestra piel. No sé porque los romanos le bautizaron  con ese nombre en honor al emperador Augusto. En el antiguo calendario romano este mes se llamaba "sextilis", porque era el sexto a partir de marzo. Por vía materna, Augusto era sobrino-nieto de Julio César. Recibió el nombre de su padre, Cayo ...

La mecanicidad de la vida

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Cuando estamos dormidos vivimos mecánicamente. Nos levantamos, vestimos, desayunamos y vamos al trabajo mecánicamente, como autómatas. Pensamos que nuestra vida consiste tan sólo en vivirla de acuerdo a las normas, costumbres y programas que nos han inducido en nuestro software, nuestra mente. Nacer, crecer, reproducir y morir, tal como viven los animales y las plantas. Claro que a diferencia de ellos, podemos generar riqueza, acumular bienes, viajar, tener fama, prestigio o simplemente vivir la vida a como nos amanezca o dependiendo del destino o las circunstancias. Si las cosas van bien, tal vez tengamos algo de felicidad, disfrutar la vida por instantes y hacer planes para el futuro. Muchas veces nuestra felicidad depende de ese futuro, pero seguimos dependiendo de esa mecanicidad, soñando siempre.  Cuando empiezas a despertar y a cuestionar acerca del propósito de tu vida, viene un proceso de búsqueda y respuestas. Algunos le llaman a este proceso, la noche oscura...

Música, gobierno y sociedad

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Prócoro Hernández Oropeza   La música es expresión del alma, ni duda cabe. Como el alma está contaminada por los egos o defectos psicológicos, la música puede ser expresión de esa oscuridad o de la luz, del Espíritu, de nuestra esencia divina. En otra entrega afirmé que la música es como un alimento para el alma, pero hay de música a música.  Hay música que fertiliza la esencia del alma y otro tipo de música que la mantiene en la prisión de la ilusión o del sufrimiento o también de los egos. La música que fertiliza la esencia del alma es como el agua que alimenta y fortalece un bello rosal, entonces brotarán de esta alma preciosas flores que se expresarán de distintas maneras. En cambio la música que refleja el dolor, el sufrimiento, la tristeza, ira o lujuria nos aleja de la armonía y la divinidad. La música refleja el estado de ánimo de un país o una comunidad. Afirma Lin Yutang, en su libro La sabiduría de Confucio, que “la música surge del corazón humano. C...

Confiar y desconfiar

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Últimamente he pretendido poner en orden mi vida, entre otros contar con licencia de manejar, sacar licencia municipal, renovar mi pasaporte y visa y saldar viejas deudas, de esas que son como una violación a la cordura como lo es el pago de tenencia vehicular. Aunque ya se derogó en el estado,  éste no perdona los pendientes. Al César lo que es del César. En cada tramitología burocrática se pierden valiosos minutos de la vida. El Estado impone tantas trabas, me imagino que es producto de su desconfianza. Desconfía del ciudadano a más no poder, de tal manera que hace más complicado la tramitación de, por ejemplo, la licencia de manejar. Precisamente hace once años se venció mi licencia e intenté renovarla en dos ocasiones, pero había que perder varios días para tramitarla. Largas filas sólo para sacar ficha, luego otra fila para ir a pagar al banco, más otra fila para entregar los documentos y la toma de la fotografía, amén de otros detalles. Total que desistí y durante...

Las opiniones ajenas

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Cuando nos dejamos guiar por las opiniones ajenas o nos inhibimos por ellas podemos sufrir muchas consecuencias. Una de ellas, estar aprisionados por lo que nos dicen los otros, por su aprobación o desaprobación. No hacemos nada sin que tengamos la aprobación de los otros, desde el simple hecho del tipo de ropa a usar, la carrera apropiada, la esposa a elegir. En este rejuego de toma de decisiones entra el ego del orgullo y la vanidad. Este defecto se puede manifestar de diversas maneras, ora sintiéndonos menos, malos, feos, perdedores. Y cuando queremos tomar una decisión sobre X o Y asunto, el ego se mete en la mente y vienen una serie de opiniones, negaciones, valoraciones o descalificaciones. Si una pareja ha llegado al límite de su tolerancia y quiere separarse, no lo hace por la sencilla razón del qué dirán. Qué van a pensar los padres, los amigos y vecinos. Y aunque ya no desean permanecer más juntos, prefieren vivir en su infierno para evitar la opinión de los otros. ...

A qué le tememos

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Prócoro Hernández Oropeza Mucha gente, tal veza la mayoría, tiene miedo a la muerte.  Es parte de nuestra cultura y se nos ha entrenado a temer a la muerte, pese a que a veces nos burlamos de ella. En el interior de esa burla, sin duda, está el temor. En las canciones, corridos o en los cuentos se aborda la muerte de distintas maneras, unas burlándose, otras ignorándola o dibujándola como un esqueleto, con su capa negra y su guadaña o como una refinada catrina, idealizada por José Guadalupe Posadas. En los cuentos, en la literatura en general, la muerte es objeto de fábulas, ensayos, prosa y alegorías. No he olvidado aquellas imágenes de Macario, protagonizada por Ignacio López Tarso. Un filme dirigido por Roberto Gavaldón, basado en una novela de Bruno Traven, que lleva el mismo título. La historia trata de un humilde campesino y leñador llamado Macario que vive obsesionado por la pobreza que sufre y el temor a la muerte. Debido a la precaria situación al borde de ...