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El arte de comer II

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Prócoro Hernández Oropeza El acto de comer debe ser consciente, lo dijimos en la entrega anterior, no mecánico. Entender que lo que llevamos a nuestra boca puede ser beneficioso o perjudicial para nuestro cuerpo. Recordemos que nuestro cuerpo es como un templo sagrado donde radica nuestro Dios interno y por lo mismo debemos estar conscientes acerca de cómo lo alimentamos. Pero el acto de comer no sólo implica lo que comemos, sino también la forma en que comemos. En diferentes culturas y religiones, antes de comer se realiza una oración de gracias, ya sea pidiendo la bendición de los alimentos por alguna deidad u ofreciéndola a esa misma deidad. En otras se canta una canción antes de comer o bien se realiza oración y se ofrecen esos alimentos a las deidades desde que se preparan los alimentos. Desde el punto de vista yóguico existen tres tipos de comida: A. alimentos solares que crecen más de un metros sobre el piso. Estos absorben la máxima energía del sol y menos de la tie...

El arte de comer

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Prócoro Hernández Oropeza Dice un dicho que somos lo que comemos. Unos somos vegetarianos, la mayoría carnívoros o la combinación de ambos. Unos comen por placer, para complacer sus sentidos, otras para mantener su cuerpo sano y joven. Los primeros, diremos, no tienen conciencia de su alimento y comen lo que tienen a su alcance, sea porque deben comer o para complacer sus sentidos o la gula. Los segundos son más conscientes y buscan alimentos sanos que ayuden a fortalecer su cuerpo y le proporcione los  nutrientes útiles para su salud y energía. En yoga decimos que el cuerpo humano necesita alimento por dos propósitos: Como combustible para generar energía y como material puro para repararse así mismo.  Nuestras vidas tienen muchas facetas: cómo pensamos, cómo nos comportamos, cómo nos proyectamos, cómo nos comunicamos; pero la faceta más importante es cómo comemos.  Para la mayoría, la alimentación no es una cuestión de entrenamiento consciente, sino una experi...

El camino de la perfección o de la verdad

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Prócoro Hernández Oropeza Muchos buscamos la perfección o la sabiduría para poder trascender esta dualidad de sufrimiento y felicidad, dolor y placer, miedo y valentía. En el mundo existen muchas sendas, unas cortas otras largas, unas sencillas, otras complejas. Realmente quien lo hace sencillo o complejo somos nosotros, nuestra mente limitada que impone muchos obstáculos o complicaciones para encontrar la verdad. Dicen los maestros que cuando el alumno está listo, esa verdad y su maestro llegan para aportarle la luz de su camino. La perfección es la encarnación de la sabiduría, ese cúmulo de experiencias y conocimientos que nos conectan con la verdad, esa verdad que procede de tu interior y no contaminada por la mente y las emociones impuras. Para llegar a ese estado se requiere de mucho trabajo interior, rectos esfuerzos y padecimientos voluntarios. Sin esos requisitos la perfección para que el hombre se convierta en un verdadero hombre será imposible. Krishna le dice a su ...

El trabajo, maldición o bendición

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Prócoro Hernández Oropeza En las diversas religiones se menciona esa condenación mítica al trabajo como una forma para procurarnos el alimento y la vida. En la filosofía griega se menciona y en la biblia cristiana, en el antiguo testamento, se hace patente esa condena. Luego de caer en la tentación, Adán y Eva son corridos del paraíso y Jehová les sentenció: “Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días. …Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado…” Parte de esta sentencia se ha grabado como un patrón y vemos al trabajo como una carga, obligación o sufrimiento. ¡Qué pesadilla el trabajo!, más cuando no encontramos el trabajo ideal ni la paga suficiente por lo que hacemos. Siempre existe descontento, sufrimiento, pesar o una pesadilla, porque del fruto de nuestro sudor tenemos que provee...

Para qué sirve el amor

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Prócoro Hernández Oropeza Pese a que vivimos un clima de odio, violencia, insensatez, inmisericordia, neurastenia, estrés, miedo, enojo y lujuria, el amor es como una luz obstruida por una gruesa capa de nubes y sólo por momentos se dejan ver algunos de sus rayos. Como por ejemplo cuando alguien le sonríe a un hombre con cara triste, o se compadece de un gato callejero y se lo lleva a casa o se atreve a mirar un árbol que sólo es visitado por los perros cuando orinan. O bien observa con asombro los cerros que nos rodean, siendo que muchos, sino la mayoría, sólo los ve como parte de su decorado urbano. Hay destellos de luz cuando sentimos la brisa del mar y nos damos cuenta que es un ser vivo o nos alegramos porque un ave canta sin esperar a que nadie le ponga a tención, simplemente lo hace porque es su naturaleza. El amor se filtra entre las ramas de los árboles cuando dios nos habla a través de la lluvia, un trueno o una ráfaga de viento. El amor se escabulle por las cañ...

Fin de año, una retrospección

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Prócoro Hernández Oropeza Se ha ido el 2012 sin las tragedias apocalípticas, ni los cambios vibracionales, ni tampoco entramos en la cuarta o quinta dimensión, mucho menos se dejaron ver naves extraterrestres. En el fondo, muchos desean un cambio brusco de 180 grados porque su vida no es placentera y quisieran que fuerzas externas vengan a socorrerlas. Es verdad, hasta cierto punto, vivimos en un valle de lágrimas. No hay día en que dejemos de enterarnos de lo que ocurre a un amigo, un familiar o un simple conocido. Te llegan las noticias fatales como bofetadas injustas. Que a una amiga le mataron a sus tres hermanos, a otra la secuestraron, otro tiene cáncer, uno más le dio un infarto y quedó semiparalizado, alguien más descubrió que su marido era infiel y una sobrina, como muchas conocidas, se han separado de sus maridos. Lo que muchos temían era que ganara el PRI y ganó la presidencia y la violencia en el país continúa sin límites ni escrúpulos. Esto que acontece a n...

Reflexiones cotidianas La condición humana

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Prócoro Hernández Oropeza Por lo regular, tengo la impresión que los 25 de diciembre parecen días quietos, silenciosos, relajados o distraídos. Luego de las comilonas, los buenos deseos, fraternidad, bendiciones a raudales, amor, abrazos e intercambios de regalos, viene la calma, una especie de quietud o de impase. Porque aún falta otra fiesta no menos esperada, la del fin de año. Sí, un año más de vida, de reflexiones, de retrospección o recuento de lo que hicimos o dejamos de hacer. Reflexión acerca de las vicisitudes que pasamos, de los encuentros y desencuentros, los malos y los buenos momentos; en fin, nos alegramos porque hemos arribado a un nuevo ciclo. Una raya más al tigre, más experiencia para unos, mejores logros para otros, no deja de haber descalabros o derrotas para los menos afortunados. Los que saben que sus derrotas o fracasos, los malos momentos son parte de un proceso de vida, sobre todo necesarios para superarlos y aprender lecciones de ellos, estos no...