sábado, 13 de octubre de 2012

El miedo, una ilusión



Prócoro Hernández Oropeza

Todos hemos vivido experiencias de miedo. De pequeño nos contaban los mayores  que en el pueblo había lugares donde se aparecía o la muerte o los naguales, la bruja, hasta el diablo. De noche nos daba miedo pasar por esos sitios de espanto. Una ocasión mi padre me pidió que les llevara la cena a un rancho que se encontraba a unos 15 0 20 kilómetros del pueblo. Él y otros dos tíos se fueron a pie de cacería y me pidieron que los alcanzara en tal rancho, que se llama “Potrero Hondo”.
Ese rancho no lo conocía, sólo había pasado cerca o lo divisaba desde el cerro, cerca de la casa de mis padres, que se encontraba ubicada en las faldas del mismo, justo al otro lado de donde se halla aún ese rancho. Salí de casa pardeando la tarde, a lomo de caballo y arreando otro.
Mi temor era pasar en la oscuridad de la noche por una ex hacienda abandonada, denominada “Zavala”, de la cual se contaban terribles historias. Una de ellas era la aparición de la muerte a quien osase pasar en medio de la noche.
Para mi infortunio, el sol se ocultó antes de llegar a tal lugar y me entró pánico. Detuve los caballos por un instante y estuve a punto de retornar. Pero el miedo al regaño de mi padre era mayor al de la muerte. Cerré los ojos e hice avanzar los caballos. Cuando pasaba frente a la vieja hacienda sólo se oía el trote de los caballos, cuyo sonido rebotaba en las viejas paredes. La piel se enchinaba y un escalofrío recorría mi cuerpo.  
Otros miedos que me atormentaban eran las serpientes. En mi tierra natal existen algunas variedades, entre ellas el coralillo y la serpiente de cascabel. Cada vez que me topaba con una de ellas sentía pavor. Lo peor del caso es que se presentaban en mis sueños cotidianamente. Cada vez que iba a la cama no quería cerrar los ojos, porque al entrar en el sueño, por lo regular, siempre me veía rodeado de serpientes. A veces despertaba y estaba empapado de sudor.
¿Qué es el miedo? El miedo es definido como una aversión irracional hacia un peligro esperado. Cuando sentimos miedo estamos anticipando algo que va a suceder y debemos prepararnos a enfrentarlo. El miedo es un proceso mental que predice algo amenazante en el futuro. ¿De dónde provienen nuestros miedos?  Algunos expertos aseguran que los miedos se originan en la infancia, también podemos tener miedo que internalizamos de nuestros padres o miedos basados en malas experiencias de nuestro pasado.
En realidad el miedo es una ilusión creada por los egos, pero una ilusión que ejerce una gran influencia. Es la parte de nosotros que cree que nuestra identidad está limitada a un cuerpo y a una personalidad que nació solamente para morir. El miedo es la madre de todos los defectos psicológicos que habitan en nuestra alma. Pueden provenir inclusive de vidas pasadas  o formados en la infancia. Son sentimientos totalmente negativos que atan al ser que lo manifiesta de tal forma que lo anula en su actividad interna y externa.
Cuan do un hombre entra pánico se paraliza o bien lo inmoviliza para tomar acciones, no importa que el evento sea real o imaginario. Vencer el miedo ante cualquier circunstancia es preciso porque finalmente nos habla de un futuro impredecible. O si se presenta de momento, por ejemplo ante un asalto, es preferible guardar la calma y enviar bendiciones a quienes os agreden. Entender que son seres que habitan en el infra mundo y son peligrosos si se les teme o se les opone resistencia.  No son buenos ni malos, simplemente peligrosos y debemos, ante estas circunstancias, actuar con sabiduría y sin identificarnos con el miedo.

Cómo no maravillarnos

Prócoro Hernández Oropeza

En mi tierra, y me imagino en otras partes del país, un refrán reza lo siguiente: Febrero loco y Marzo otro poco. Esto debido a que Febrero es un tanto errático en cuanto al clima; a veces mucho frío o lluvia o de plano demasiado viento que genera grandes tolvaneras como si estuviera uno en el desierto. En los primeros días de marzo también se repiten parte de esos eventos climatológicos, pero cuando llega el equinoccio de primavera todo cambia como por arte de magia. Los árboles y las praderas empiezan a reverdecer, lo pájaros trinan más alegres que nunca, el sol brilla más, inician alguna lluvias, los campesinos preparan las tierras para la siembra y las golondrinas vuelan en parvadas como suaves corrientes de prosperidad o alegría.

Aquí, la llegada de la primavera no es tan marcada, pero nos damos cuenta que el sol brilla más y algunos árboles empiezan a florecer, tales como el árbol que lleva precisamente el nombre de primavera. También hemos notado como ha disminuido el frío y los días están más despejados, aunque siguen apareciendo nubarrones que amenazan con lluvia, finalmente sólo son llamaradas de petate.

El árbol de primavera, conocida científicamente como Tabenbuia donnell-smithii, al florecer adquiere un colorido formidable y cuando sus flores caen tapizan el piso de amarillo, azul, rosa o blanca; las hay de distintos colores, lástima que con la urbanización sólo queden poco ejemplares. Es posible que cuando Puerto Vallarta era sólo un pequeño pueblo de pescadores, estos árboles alegraban la vida de los pobladores y les indicaban que ya había entrado la primavera.

Me encanta observar el cielo en esta época porque debido a las corrientes de aire frío las nubes forman en el cielo imágenes tan evocadoras, sutiles y poéticas, si se le pude llamar así. Un día tomé varias fotografías de esos cuadros y me llevé algunas sorpresas cuando descubrí la imagen de un caballo cabalgando en el cielo. Son regalos del cielo que debemos admirar porque están ahí por alguna razón.

Cuando no hay nubes en el cielo, si se acuesta boca arriba en la arena o en la azotea de su casa, pude admirar las estrellas y su infinita presencia y de vez en cuando algunas luces que se mueven como estrellas, pero no lo son. En tratándose del atardecer, cada día el sol se despide con diferentes escenarios y colores y si pone atención verá que si antes se ocultaba a cierta distancia de la punta de la bahía, al día de hoy se va a cercando al último cerro de Cabo corrientes, dependiendo de donde lo vea.

Ahora entiendo lo que quiso explicar el poeta Efraín Huerta cuando escribió este verso: Si tú quieres cambiamos de lugar la tarde. Si tomamos el significado literalmente, esto será imposible, pero si nos movemos de lugar y en vez de mirar el atardecer desde el malecón, me voy a Punta de Mita, entonces el escenario cambia. Y no necesariamente significa que yo me deba mover de lugar, también, dependiendo de mi estado de ánimo, puedo ver al atardecer desde diferentes ángulos. Si estoy triste o aburrido, un atardecer me pude parecer de lo más chocante. Si estoy alegre, optimista, una puesta de sol puede ser una gran obra de arte pintada por Dios para mí.

De vez en cuando el sol hace travesuras en el cielo o si le place pinta un maravilloso arco iris que se antoja caminar o deslizarse sobre él. En Febrero, luego de los días lluviosos trazó un arco Iris completo y vistoso que surgía entre las montañas. Esto que digo es para llevarnos a la reflexión y maravillarnos por estos fabulosos regalos que nos otorga la naturaleza o Dios o nuestros ángeles. Maravillarnos por todo cuánto nos rodea y a pesar de los nubarrones negros que pesan sobre el país, a nuestro alrededor podemos mirar con otros ojos este fantástico lugar donde vivimos.

Los tres traidores, el demonio de la mente

Prócoro Hernández Oropeza

III y última parte

procoroh@gmail.com

De los tres traidores, hemos abordado dos: el demonio del deseo (Judas), el demonio de la mente (Pilato) y ahora analizaremos el demonio de la mala voluntad (Caifás), tres demonios que crucificaron a Jesús, pero que también nos sacrifican en el día a día. La mala voluntad se manifiesta cuando caemos en el chisme y hablamos mal de las personas, mentimos o fabricamos mentiras para desacreditar a alguien, pero también se refiere cuando desperdiciamos el tiempo en cosas sin trascendencia, o prometemos y no cumplimos nuestra palabra, cuando no estamos siendo íntegros.

Recordando la historia, Caifás fue nombrado Sumo Sacerdote por el procurador romano de Judea Valerio Grato, sustituyendo a Simón ben Camithus. Caifás no creía en los milagros de Jesús, mucho menos en su doctrina. Pensaba que con su evangelio ponía en peligro al pueblo judío, que estaba su vez sometido a los romanos. Alarmado por las noticias sobre una supuesta resurrección de Lázaro realizada por Jesús, los Sumos Sacerdotes llamaron a reunión extraordinaria al Sanedrín (tribunal supremo de los judíos) para decidir lo que harían con Jesús. La reunión estuvo presidida por Caifás, en calidad de Sumo Sacerdote. En dicha reunión, el suegro de Caifás, Anás, influyó notablemente en la resolución del caso. De esta reunión salió la famosa frase de Caifás que plasma su pensamiento sobre Jesús: "...conviene que muera uno sólo por el pueblo y no perezca

Al anochecer, después de que Jesús fue arrestado, fue llevado a la casa de Anás donde fue detenido, interrogado y golpeado. Anás se lo entregó a Caifás. Como Caifás no tenía autoridad para ordenar pena de muerte a nadie, por tanto llevó a Jesús ante Pilatos. En síntesis, Caifás actuó con mala voluntad y su decisión influyó en la muerte de Jesús.

Por eso se dice que Caifás representa la mala voluntad porque con sus insidias y calumnias logró que Poncio Pilato prácticamente lo entregara a la muerte. Aunque quiso lavar sus manos dejando que el pueblo judío decidiera entre Jesús y Barrabás. Como se sabe el pueblo representa a los egos, en este caso y fueron ellos los que decidieran la suerte de Jesús. En este caso Caifás en contubernio con los otros traidores sacrifican al Espíritu, nuestro real Ser y lo crucifican.

Cuando actúa Caifás en nuestra psique, nos hace perder la dignidad y nos obliga a crucificar a ese real Ser. El Caifás se manifiesta cuando mentimos o faltamos a nuestra palabra, cuando no estamos siendo íntegros. Integridad proviene del griego Entheos, en dios, entero. Una cosa es lo que digo y pienso y otra lo que hago. Caifás, el Demonio de la Mala Voluntad, es el enemigo de la Verdad. Representa nuestras palabras, obras y omisiones, en el terreno de los hechos.
Promete y no cumple lo que promete, le da lo mismo hacer que no hacer, pudiendo hacer no hace. Malgasta el tiempo en cosas ociosas que no tienen la menor importancia. No nos quiere dejar practicar nada. Quiere auto-realizarse sin trabajar.

La mala voluntad también se manifiesta cuando somos impuntuales, nos ponemos metas y las incumplimos, cuando hacemos comentarios de lo que se ha dado en llamar popularmente “con mala leche” de otras personas, hacemos chistes sobre personas o situaciones, nos vamos de parranda, perdemos el tiempo viendo televisión o quedamos hechizados por los casinos, los bares, las cantinas. Hay mala voluntad cuando nos identificamos con las cosas del mundo y nos retiramos de la obra, cuando traicionamos a la Madre tomando otra pareja. Los tres demonios son el enemigo de nuestro Cristo interno y obstaculizan a cualquier precio su auto-realización. Busquemos a los Tres Traidores en cada uno de nuestros actos del diario vivir. Y recordemos que a todos los Yoes se les juzga por Traición.

Los tres traidores, el demonio de la mente

Prócoro Hernández Oropeza

Parte II

procoroh@gmail.com

De todos es conocido este refrán popular: “Se lavó las manos como Pilato”. Esto significa que alguien no asumió su responsabilidad ante un acontecimiento. Estamos frente al demonio de la mente que siempre encuentra salidas, evasivas y justificaciones para seguir siendo el mismo. En la columna anterior hablamos de que el deseo (Judas) forma parte de los tres traidores junto con el de la mente (Pilatos) y el de la mala voluntad (Caifás), traidores que a su vez los vivimos en nuestros propios procesos espirituales. Hoy hablaremos del demonio de la mente(Caifás).

Como bien sabemos los judíos ejercieron presión (la mala voluntad) sobre Pilatos para juzgar a Jesús. Antes, este hombre santo había sido apresado por un grupo de hombres armados pertenecientes a la guardia del Templo, por orden de Caifás y los sumos sacerdotes. La acusaban de sedición, por lo que solicitaron a Pilato que le ejecutara, ya que la pena capital sólo podía ser aplicada por los romanos. A pesar de no hallarlo culpable, Pilato sabiendo que era víspera de Pascuas dejó que el pueblo decidiera entre liberar a un preso de nombre Barrabás o liberar a Jesús.

Como el pueblo, dirigido por los sumos sacerdotes, escogió la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús, Pilato simbólicamente se lavó las manos para indicar que no quería ser parte de la decisión tomada por la muchedumbre. Pilato dijo «No soy responsable por la sangre de este hombre». A lo que la multitud responde: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes».

Poncio Pilato sencillamente evadió su responsabilidad queriendo quedar bien con dios y con el diablo. Por eso se dice que Pilato, el demonio de la mente es el enemigo de la Sabiduría. Representa todas nuestras disculpas, justificaciones, evasivas, escapatorias, etc., a través de las cuales continuaremos siendo los mismos.
¿Qué es lavarse las manos? Que cuando estamos ante un problema cualquiera nos justificamos, nos identificamos con el problema, no sabemos sacarle provecho a la situación. Siempre hallamos disculpas para no trabajar, para no eliminar los defectos. Este demonio siempre encuentra salidas, evasivas y justificaciones para seguir siendo el mismo. A la mente le toca el papel de juzgar a cada uno de nuestros defectos, de enjuiciarlos con la reflexión, pero no cumple con su trabajo, vive identificada con todos los procesos subjetivos, con los dramas del ego, con su amo.

Pilatos es el demonio de la mente que siempre anda disculpándose, justificándose, lavándose las manos, declarándose inocente. “Yo no lo hice”. “A mí no me culpen”, son los defectos del intelecto, de la mente del ego que ante el compromiso de cambiar su actitud, su carácter, evade o se justifica.

La única forma de escapar a este demonio es observar constantemente nuestros pensamientos, nuestra charla interior, nuestras cantaletas internas. Esa mente nos lleva de un lugar a otro, del pasado al futuro y anda como caballo desbocado. Si queremos morir tenemos que dejar de justificarnos, tenemos que juzgarnos despiadadamente, no debemos aceptar las escapatorias, debemos volvernos serios con el trabajo.
Debemos quitarle el pasto al burro, no debemos alimentar los defectos del intelecto, debemos acabar con todos los conceptos para ir integrando nuestra mente. Recordemos que la mejor manera de pensar es no pensar. Con todo el intelectualismo la mente se degeneró y ya no comprende.
Para llegar a la sabiduría el único camino es eliminar este demonio, la mente del ego para quien todo es evasivas, nos lavamos las manos como Pilato. La sabiduría llega con la muerte, sino se muere, pues, no habrá sabiduría. Este demonio impide la muerte psicológica, siempre echa la culpa a los demás, los vive juzgando, en lugar de juzgar nuestras propias acciones. Encuentra miles de justificaciones para no dejarnos hacer las cosas de nuestro Ser. Encuentra todas las justificaciones para que sigamos haciendo las cosas del Ego o la personalidad. A este demonio sólo le vence no justificándonos y juzgándonos despiadadamente y parando esa mente parlanchina en el silencio de nuestro corazón.

Los tres traidores: el deseo

Prócoro Hernández Oropeza

Primera parte

Antes del proceso de crucifixión Jesús vivió en vida los estragos de los tres traidores: demonio del deseo (Judas), demonio de la mente (Pilatos) y de la mala voluntad (Caifás). Esos son los tres traidores que crucificaron a Jesús. Son tres tipos específicos de elementos inhumanos fundamentales en el Drama Cósmico, pero que también habitan en el alma, en nuestra psique. Esto significa que como Jesús, nosotros también vivimos esos dramas ocasionados por dichos traidores: deseo, mente y mala voluntad.
Los tres traidores odian mortalmente al Cristo Secreto (a nuestro íntimo o real Ser) y lo conducen a la muerte dentro de nosotros mismos y en nuestro propio espacio psicológico.
Judas, el demonio del deseo, cambia siempre al Señor por treinta monedas de plata; es decir, por licores, dineros, fama, vanidades, fornicaciones, adulterios, etc.
Pilatos, el demonio de la mente, siempre se lava las manos, siempre se declara inocente, nunca tiene la culpa, constantemente se justifica ante sí mismo y ante los demás, busca evasivas, escapatorias, para eludir sus propias responsabilidades, etc.
Caifás, el demonio de la mala voluntad, traiciona incesantemente al Señor dentro de nosotros mismos: pienso lo que que no quiero pensar, digo lo que no quiero decir, hago lo que no quiero hacer.

Estos Tres Traidores hacen sufrir secretamente al adorable Señor Íntimo sin compasión alguna. Pilatos le hace poner la corona de espinas en sus sienes, los malvados yoes lo flagelan, le insultan, le maldicen en el espacio psicológico íntimo sin piedad de ninguna especie. Cada uno de nosotros lleva en su psique a los Tres Traidores. Estos Tres Traidores se manifiestan secretamente y nos hacen vivir ese drama de la crucifixión que vivió Jesús. Desafortunadamente no somos conscientes de ello.

En este día sólo vamos a hablar del demonio de la mente, representado por Judas. Como se sabe, ese gran apóstol, el muy amado del Señor fue el indicado para que se cometiera la traición anunciada por Jesús, antes de su muerte.

Según todos los evangelios canónicos, Judas guió a los guardias que arrestaron a Jesús hasta el lugar donde lo encontraron y les indicó quién era besándole (Marcos 14:43-46). Por su traición fue recompensado con treinta monedas de plata (Mateo 26:15), pero al poco tiempo se arrepintió de sus actos, intentó devolver las monedas a los sacerdotes que se las habían dado, y al no aceptarlas éstos, las arrojó en el templo. Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose (Mateo 27:5) en un árbol (abril de 29–33).

No obstante existen otras versiones de las escuelas gnósticas, según las cuales a Judas le tocó hacerla de traidor, a pedimento de su maestro. Jesús necesitaba la traición para deshacerse de su materia. Y el mandato recayó en Él, quien cumplió con lo que su maestro le encomendó, como ofrenda de devoción y humildad. Y tanto Jesús como Judas sabían del gravísimo y ominoso papel que jugaría este discípulo muy amado. No obstante, esa pasión y drama nos fue legada como un mapa para entender nuestros propios dramas, la psicología de nuestra redención.

Judas es el Demonio del Deseo, el Enemigo de la Naturaleza. Representa todos nuestros propios deseos, tentaciones, y fascinación en el mundo físico. El deseo es la fuente de la fuerza, pues es el fuego que anima cualquier cosa, si nos entregamos a nuestros deseos seremos sus esclavos; si nos negamos a ellos liberaremos ese fuego que está oculto en él. Entonces nos haremos dueños de la fuerza.
Judas vende al Cristo por treinta monedas de plata. Esto quiere decir que nuestros deseos venden en el mundo físico al Cristo (el Fuego). Si aprendemos a negarnos a nosotros mismos, o a nuestros deseos, comenzamos entonces a adueñarnos de la fuerza que está oculta en cada deseo.
Cuando no sabemos negarnos a nosotros mismos vamos detrás de cada uno de nuestros deseos en el diario vivir. El evangelio de Judas dice: “Dichoso aquel que ve en mi luz la luz de mi Maestro”. A este demonio, deseo, sólo se le vence negándose a sí mismo y haciendo la voluntad del Espíritu o Real Ser. Hágase tu voluntad padre, no la mía.

Los poetas hablan del amor

Prócoro Hernández Oropeza

Si el amor se midiera por el tamaño del arreglo floral o de lo ostentoso del regalo este mundo sería distinto y no habría tantos problemas. La cuestión es que durante los otros trescientos sesenta y tantos días del año nos olvidamos del amor. Con un ramo de flores o un peluche, una cena queremos demostrar al otro u otros, el día de San Valentín, ese sentimiento llamado amor. Pero el verdadero amor es más que esos detalles, es más profundo y nada tiene que ver con lo material. Los detalles en todo caso son los plus o extras que damos para ratificar ese amor que sentimos por la amada o el amado.

Cuando existe un amor genuino lo expresamos cotidianamente, no sólo a la pareja, a la amada, lo manifestamos a todos los que nos rodean, a todo ser sintiente, sin escatimar nada. Sólo lo entregamos porque esa es nuestra verdadera naturaleza. Reconocemos que somos producto del amor y como tal somos un puente de conexión con todas las almas, sean amigas o enemigas, vecinas o extranjeras. Los poetas suelen expresar muy bien este sentimiento o estado del Ser, para ello he seleccionado algunos versos del gran poeta sufí Yalaluddin Rumi:

CON AMOR LO AMARGO SERÁ DULCE

Con amor, el cobre será oro

Con amor, los deshechos serán vino puro

Con amor, todo dolor será medicina

Con amor, los muertos vivirán

Con amor, ¡el rey será esclavo!

Cuando ves a todos con amor, lo amargo te será dulce y las calamidades, por más terribles, las verás con otros ojos, con otra visión. Los temores se ahuyentarán y la tormenta se disipará porque el amor es tu esencia y en él se arropan las virtudes y desde las virtudes sólo expresas la dulzura del corazón. Y como bien lo afirma Rumi: “Si el sol no estuviese enamorado, no tendríamos luz, No habría césped en las colinas, El océano se iría a descansar en otro lugar.” El sol y todo lo que nos rodea está hecho de amor y cuando nos alumbra nos prodiga su amor, de lo contrario el universo sería un caos.

El amor es esa energía que hace brotar una flor tan bella o despliega una grata sonrisa en la cara de una dama o el gesto de alegría en un infante; lo podemos palpar también el canto de un ave o en el parpadeo de una estrella o simplemente en el apapacho de un amigo. Y aunque a veces no lo veamos fluye por todos lados, emerge en los lugares más recónditos, sólo es cuestión de sentirle o de expresarlo. Para concluir les brindo este otro maravilloso poema de Rumi:

EL AMOR ES EL AMO

El Amor es quien domina todas las cosas,

Estoy dominado por el Amor,

Por mi pasión de Amor por Amor.

Tengo tierra tan dulce como el azúcar,

Ay furioso viento, sólo soy una paja ante ti

¿Cómo sabré a dónde me llevarás después?

Quien afirme haber pactado con el Destino,

Se revela como un ingenuo mentiroso.

¿Quién de nosotros no es sino una paja en la tormenta?

¿Cómo alguien podría pactar con un huracán?

Dios trabaja por doquier en su gran Resurrección

¿Cómo podemos pretender actuar por nuestra cuenta?

En la mano del Amor, soy como un gato en un costal

A veces me eleva hacia el viento,

A veces me arroja hacia el viento,

El amor me hace girar alrededor de Su cabeza.

No tengo paz, ni en este mundo ni en ningún otro;

Los que aman a Dios han caído en un río furioso,

Se han rendido ante los mandamientos del Amor

Como ruedas de molino, giran, día y noche, sin cesar

Constantemente, girando, girando y gritando.

Escucha la voz de tu conciencia

Prócoro Hernández Oropeza

La prudencia es una virtud cardinal, que junto con la justicia, fortaleza y templanza, han guiado al hombre para discernir entre lo que es correcto y lo incorrecto, lo justo de lo injusto. Un hombre prudente sabe cuándo hablar y cuándo callar, medita antes de actuar, toma sus precauciones, sin que esto implique, como afirmaba Aristóteles, timidez, temor, doblez o simulación. La prudencia es la "regla recta de la acción", escribía S. Tomás de Aquino.

Las fábulas al respecto nos ilustran muy bien esta virtud como la de Zeus y la serpiente: “Anunciadas las bodas de Zeus, todos los animales le honraron con obsequios, cada uno según sus medios. La serpiente subió hasta Zeus arrastrándose, con una rosa en la boca. Más al verla dijo Zeus: De todos acepto sus obsequios, pero no los quiero de tu boca.” Zeus, como un ser sabio no podía confiar en la serpiente, no porque fuera mala, simplemente porque su naturaleza es peligrosa. La lección de esta fábula es que no debemos confiarnos de las aparentes bondades de los malvados.

Cuántas veces no hemos sido tentados por diversos motivos o circunstancias y a pesar de que algo nos dice, nuestra intuición, que lo evitemos caemos en el error, en la perdición o en los vicios, en manos del titiritero, el ego. Esta es la historia de una amiga que ofreció su carro en venta por medio de una revista. El primer cliente que le llegó fue una persona finamente vestida, con portafolio en la mano y acompañada por su aparente secretario. Se mostraron sumamente interesados en la compra luego de que la amiga les mostró el auto. Del precio ni siquiera regateó. Después que le pidiera los documentos del carro y la amiga endosara su firma en la factura, el comprador le dijo que como ya habían cerrado los bancos le dejaba un cheque por la cantidad acordada. El comprador le mostró sus credenciales y un aparente domicilio, además de teléfonos por si había algún problema. La amiga se creyó el cuento y apresurada, porque necesitaba el dinero, le entregó el carro y los documentos. No se esperó a verificar si esa cuenta bancaria existía realmente. Al otro día fue muy entusiasmada a cobrar su cheque, y al llegar con la cajera, ésta le notificó que esa cuenta, ni el firmante del cheque estaban registrados en ese banco. Un tremendo fiasco para la confiada e imprudente amiga.

La prudencia implica cuidado, moderación o sensatez que se pone al hacer algo para evitar inconvenientes, dificultades o daños. Es también cautela y precaución. Una persona es prudente cuando calcula meticulosamente, sabe que un mal cálculo podría echar en tierra cualquier proyecto. Como lo decía sabiamente Voltaire: “De las cosas más seguras, la más segura es dudar.”

Cuando no hay prudencia algo nos está jalando o empujando a realizar aquello que no queremos hacer, decir lo que no queremos decir, pensar lo que no queremos pensar. Por ejemplo cuando alguien nos ofende, algo en nuestro interior, la mente contaminada o controlado por los egos, nos impele a contestar al ofensor. Uno, el de la ira, nos obliga a responder con palabras también ofensivas; el ego del orgullo, al sentirse ofendido, también responde, puede ser con insultos o amenazas. Si la persona es iracunda responderá con golpes.

Así que la prudencia hace distinguir en toda ocasión cuál es el camino correcto, cuál es el bien y nos dice lo que es conveniente hacer o dejar de hacer. La prudencia es una virtud del Ser y por lo mismo es la luz que dirige todos nuestros actos para llegar a Dios o ser como Dios. Porque la prudencia ayuda al hombre a poner atención a la voz de su conciencia, en vez de poner atención a lo que siente, o a sus agregados psicológicos, a esos Yoes de la ira, el orgullo, la vanidad o la envidia. La prudencia es la voz de tu conciencia.

Subyugar los sentidos

Prócoro Hernández Oropeza

En nuestro diario vivir estamos tan identificados a los sentidos que pensamos somos eso que nos aportan las nueve puertas del cuerpo: dos ojos, dos fosas nasales, dos oídos, una boca, el ano y órgano genital. Esos sentidos nos mantienen en la ilusión o maya y pensamos que somos esto que nos ello nos aportan, que somos esta realidad material, este cuerpo denso con todo y sus dramas. En el Bhagavad Gita, Krishna instruye a Arjuna, su amigo predilecto y le dice que habiendo obtenido verdadero conocimiento proveniente de una alma auto realizada, nunca volverá a ser víctima de semejante ilusión, pues por medio de ese conocimiento, se verá que todos los seres vivientes no son más que parte del supremo…

De lo anterior se desprende que si deseamos descorrer el velo que nos mantiene en la ilusión, en el sueño profundo debemos despertar. Y sólo lo vamos a lograr mediante el autoconocimiento interior. Para llegar a ese autoconocimiento debemos aprender la verdad acudiendo a un maestro espiritual. Puede ser un maestro vivo a tu guía interior. Tu guía interior es tu real Ser o espíritu que ya conoce el camino a casa y posee toda la sabiduría. Los maestros son almas auto realizadas que pueden impartir el conocimiento porque ya han visto la verdad. Han comprobado, no con esas nueve puertas solamente sino con otros sentidos, que en otras realidades está el verdadero conocimiento, la verdad. Y esa gran verdad está en tu interior, en tu psique, pero se requiere la conexión con ese maestro para despertar esa sabiduría.

Cuando un hombre le preguntó a Budha, luego de que se iluminó, si era un Dios, a lo que Budha respondió que no. Le preguntó entonces: ¿Acaso eres un maestro? Budha contestó que tan sólo era un hombre que había despertado. Así que todos los maestros, incluyendo Jesús, nos han dicho que despertemos de ese sueño profundo en que nos encontramos, fascinados por esa ilusión, identificados por nuestros dramas, por los dramas de los agregados psicológicos.

Krishna le dice a Arjuna que aún cuando se considere el más pecador de todos los pecadores, cuando se sitúe en el bote del conocimiento trascendental será capaz de cruzar el océano de los sufrimientos.

En el templo de Delfos estaba inscrita esta frase: “Hommo noscete ipsum” (Hombre conócete y conocerás al universo y a los dioses). Y es que según una leyenda, los dioses se reunieron para esconder la sabiduría, pues el ser humano se iba a degenerar y no era recomendable que la tuviera en sus manos pues solo se destruiría más rápido y lograría realizar daños muy grandes. Pero era necesario que estuviera al alcance de gentes preparadas para que hicieran buen uso de ella. Los dioses del agua, la tierra y el aire propusieron lugares recónditos en cada elemento pero ni ahí estaba segura esa sabiduría. Entonces los dioses concluyeron que el mejor sitio para esconderla sería dentro del mismo ser humano, ahí no la buscarán. Sólo el que tenga puro y noble corazón se le ocurrirá buscarla en ese lugar. Desde entonces la sabiduría está ahí. En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros.

Sólo conectándote con tu sabiduría interior podrás salir de la ilusión y entonces encontrarás el mapa para reconciliarte con Dios y encontrar el camino a casa.

Anhelos para el cambio espiritual

Prócoro Hernández Oropeza

Este fin de semana culminó un gran acontecimiento en el plano espiritual en Vallarta. La presentación por primera vez de las reliquias de los maestros budistas, principalmente del Tíbet y de la India, entre ellos los del gran Buda Sakyamuni o Buda Gautama, a quien se le considera la novena encarnación del dios Visnú. Cientos de vallartenses y turistas se dieron cita en el Salón Jalisco, del hotel Krystal donde pudieron presenciar esas joyas, o la cristalización de su sabiduría y su espiritualidad.

Los asistentes pudieron participar de diversas actividades alternas como meditación, yoga, con distintas modalidades, cantos devocionales y conferencias, además de participar de la energía y bendiciones que emanan de las reliquias de 40 maestros budistas. Dichas reliquias son una especie de perlas pequeñas que se desprenden de las cenizas de dichos maestros cuando los creman. Se dice que son sustancias espirituales que tales maestros legan a la humanidad para generar compasión, bondad y amor. En el caso de Buda Sakyamuni, quien vivió y murió hace unos 2 mil 500 años, entre sus cenizas se encontraron decenas de perlas o reliquias de diversos colores y tamaños.

Esas reliquias sólo se forman en los cuerpos de maestros que han trabajado en su desarrollo espiritual, consagrado su vida a la conexión con su Real Ser y se convirtieron en la expresión de las virtudes. Son maestros que, como Jesús, lograron la iluminación, eliminaron sus demonios internos o agregados psicológicos y sanaron su alma de la oscuridad del ego. Son ejemplos para la humanidad, maestros o leyendas que mostraron el camino para la redención y se convirtieron en verdaderos hombres.

Y la presencia de esas reliquias en Puerto Vallarta correspondió con la celebración del 50avo aniversario del ingreso de la Era de Acuario. Una era en la que todas las culturas se mezclan; las disciplinas científicas y humanísticas se acercan; el saber mágico y el saber tecnológico se funden en armonioso mestizaje; y las religiones y credos espirituales empiezan a ver más sus similitudes que sus diferencias. Atrás quedó la era de Piscis, la era en la que vino Jesús, pero que debido al oscurantismo su enseñanza no fue comprendida en su momento y fue sacrificado. Cada era, de doce, los doce signos zodiacales, dura aproximadamente unos 2 mil 125 años.

Como en cada era se han generado grandes cambios, muchos confían en que esta era sea de gran beneficio para la humanidad, con oportunidades para que el hombre se reencuentre con su divinidad, su genética divina y deje atrás tanta barbarie y maldad. Es por ello que el Centro Multicultural Inkarri, junto con diversas agrupaciones de desarrollo humano y espiritual se reunieron para generar espacios de conciencia y reflexión, amor y compasión. A sabiendas que el cambio de la humanidad tendrá que iniciar en cada individuo. Cada ser humano deberá encontrar su camino y su guía espiritual; el cambio no llegará de afuera, ni por arte de magia. Tampoco debemos esperar a nuevos mesías o avatares que nos vengan a redimir, nosotros tenemos que activar nuestro gen divino para modificar nuestros pensamientos, emociones y voluntad. Ser la expresión del amor en cualquier circunstancia y lugar, ser como un Buda o un Jesús, pero eso sólo lo lograremos tomando conciencia de que somos espíritus que vinieron a vivir experiencias humanas., Múltiples oportunidades se nos han dado para lograr ese despertar, aunque muchos no creen en la vida después de la muerte. Lo crean o no aquí volveremos hasta en tanto sanemos nuestra psique de tanta maldad, la maldad del ego.

Maestros como Buda o Jesús nos han traído la cartografía para retornar a la luz, a casa pero no les hemos escuchado. Jesús lo dijo hace dos mil años: “El que quiera ser grande entre ustedes, sea servidor de los demás; el que quiera ser el primero, hágase servidor de todos, igual que yo. No he venido a que me sirvan, sino para servir" (Mateo, 10:16).

El maestro espiritual

Prócoro Hernández Oropeza

procorh@gmail.com

En el camino espiritual hay guías, maestros o gurus que nos ayudan a trascender la dualidad y a elevar nuestra conciencia. Si ya encontraste a tu maestro, debes estar agradecido y bendecido. Son los alumnos que están listos quienes encuentran a su maestro. El maestro no busca adeptos; llegan a él porque su alma o su Ser lo reconocen y lo acercan a él. Tal vez ha sido tu maestro durante varias centurias y en esta vida se había olvidado de su guru. Si no lo has encontrado es porque no has buscado con intención y devoción, pero si te abres y sientes que es tiempo de encontrarte con tu verdadera identidad, si existe el anhelo por el retorno a casa, entonces más pronto que tarde hallarás a tu guía.

El verdadero maestro nos lleva a nuestro corazón, al templo corazón donde radica nuestro Ser Crístico. No es maestro aquel que sólo quiere reconocimiento, respeto, honor y condecoraciones. Esos son los falsos maestros que alucinan y están gobernados por el ego de la soberbia o del orgullo místico.

Si entendemos que nuestra meta es encontrar a Dios, el rol del maestro espiritual o guru es mostrarnos la manera de cómo llegar al estado en que nosotros mismos podamos tener la experiencia personal de Dios. Los maestros muestran el sendero, pero caminarlo es tarea del discípulo. Y la relación que se establece entre el maestro y el alumno es una conexión espiritual de un alma mayor hacia un alma joven. El maestro es la personificación del inegonismo, cuyo propósito es ayudar al alma a realizarse. Entre las condiciones para tener una evolución espiritual se requiere: 1. tener un nacimiento humano; 2. Poseer aspiraciones espirituales y 3. Encontrar un Maestro, un verdadero Guru que le guíe hacia esta realización.

Los maestros siempre están presentes, esperando que el alma lo reconozca y se acerqué a él. Los maestros no necesariamente deben ser personas físicas o de este planeta. Son maestros vivos que moran en otros planos etéreos. Existen cientos de maestros, tales como Budha, Jesús, Krisna, Melquisedec, Samael y los otros seis arcángeles, Antares, Metratón, Osiris, Hermes Trimegisto, por sólo mencionar unos. Es tiempo de despertar, es tiempo de reencontrarte con tu maestro interior.

El Maestro y el discípulo son como dos amigos que tienen la misma capacidad, pero uno está dormido y necesita ayuda para despertar antes de poder manifestar su capacidad. El Guru es alguien que viene, toca los pies de su hermano y le acaricia la cabeza diciendo: “Levanta, por favor. Ha llegado la hora de trabajar para nuestro Padre.” Un verdadero Maestro espiritual intenta hacer emerger la divinidad interior del discípulo, desde la profundidad del corazón del discípulo. Él llama a la puerta del corazón del discípulo y despierta al niño divino que llamamos espíritu. Cuando un Maestro acepta un discípulo, acepta a esa persona como una parte de sí mismo. Si el discípulo es imperfecto, el Maestro permanece también imperfecto. La perfección del Maestro está en la perfección del discípulo.

El Guru verdadero es el Cristo interno, anónimo y desconocido por todas partes; no exhibe sus obras ni sus poderes y está lleno de modestia. Un verdadero maestro es ante todo un correcto ciudadano, no es intelectual y es como un niño, puro, santo, simple y sencillo. Es el Cristo interno que alumbra a todo hombre que viene al mundo.

El sabio Sri Chinmoy afirma que cuando el discípulo y el Maestro saben que pueden estar a salvo el uno en el corazón del otro, la hora de la iniciación está muy cerca. Cuando el Maestro inicia a alguien, le está dando a esa persona una porción de su vida. A la hora de la iniciación, el Guru hace una promesa solemne al buscador y al Supremo de que hará lo mejor para ayudar al aspirante en su vida espiritual y promete ofrecer su corazón y su alma para llevarlo a las regiones más elevadas del Más Allá. El Maestro le dice al Supremo: “Hasta que haya dejado este hijo junto a ti, no le abandonaré, mi juego no habrá terminado”. Y al discípulo dirá al maestro: “Desde ahora puedes contar conmigo, puedes considerarme tuyo.”

Conocimiento y sabiduría

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

En el tarot egipcio, la carta número siete, tiene como axioma lo siguiente: “Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado”. Es la carta del triunfo, el carro de las guerras, luchas, expiación y dolor, pero luego de trascenderlas viene el triunfo, el triunfo del espíritu sobre el materialismo, de la eliminación de dudas y errores. Gran sabiduría, ni duda cabe en estas antiguas enseñanzas del tarot. En ellas se recoge el conocimiento que los egipcios antiguos dominaban y guiaban su camino.

Cuando la ciencia entre a tu corazón, significa que cuando todas las teorías y sapiencias, razonamientos intelectivos sean comprendidos y asimilados desde el plano mental superior, lo que los indostanes denominan el Manas superior, entonces la sabiduría aflora y le sabe dulce a tu alma, a tu ser. Esto significa que trasciendes el Manas inferior o la mente condicionada por los egos y te conectas con esa mente que viene de tu Ser superior, entonces lo que pidas te será dado. El universo se abre a ti y puedes caminar sobre las aguas turbulentas, parar tormentas o controlar el fuego.

Un sabio usa su experiencia, reflexión e intuición para actuar, no tanto su intelecto. Sabe que lo que hace dice y piensa produce el bien a todos y no daña. Y no daña sencillamente porque no busca complacer a nadie, ni quedar bien, mucho menos descalificar o imponer sus criterios. Por eso se dice que la sabiduría es la habilidad desarrollada a través de la experiencia, la iluminación y la reflexión para discernir la verdad y el buen juicio. Usa el sentido común y la intuición para la toma de decisiones. La sabiduría tampoco se enseña, se desarrolla a través de la experiencia y su práctica está asociada con la virtud de la prudencia.

Acerca de la prudencia, en Kundalini yoga se narra la historia de Guru Nanak, el primer Guru de la tradición Sikh. Desde muy pequeño dio indicios de sabiduría y de joven empezó a predicar sus enseñanzas. Cierta vez pasaba por un pueblo en el que habitaba un viejo Guru. Al enterarse que Guru Nanak se encontraba en el pueblo lo fue a visitar y lo increpó diciéndole que era muy joven para considerarse un Guru. Inclusive lo retó a un debate en torno a la sabiduría védica. Guru Nanak aceptó el reto. Una vez reunidos en la plaza del pueblo y frente a decenas de personas, el viejo Guru realizó una magnífica interpretación del libro de los Vedas. Cuando le tocó el turno a Guru Nanak, este pidió que le trajeran a la persona más tonta del pueblo. Le pusieron frente a él al aguador. Nanak pidió que le sirvieran las mejores viandas, esto ante la mirada perpleja del viejo Guru. Luego que terminó de comer, Nanak le colocó la punta de su bastón en la cabeza y le dijo: Ahora nos puedes disertar sobre las enseñanzas de libro sagrado védico. El aguador dio una magistral cátedra de estas enseñanzas, ante lo cual el viejo Guru, además de sorprendido, admitió que en realidad el joven Nanak era un verdadero Guru. Con el simple toque de la cabeza del aguador, éste le había despertado la sabiduría interior.

Esta lección nos indica que esa sabiduría está ya en nuestro interior, sólo basta conectarnos con ella y despertarla, hacerla carne y hueso, manifestarla y alinearla con la naturaleza del universo. En la filosofía taoísta se afirma que la sabiduría consiste en qué decir y cuándo decirlo. El filósofo Confucio sostenía que se podía aprender de tres métodos distintos: la reflexión (la más noble), la imitación (la más fácil), y la experiencia (la más amarga). En síntesis, la sabiduría es un pilar fundamental para el desarrollo espiritual del hombre, y por lo tanto es necesaria practicarla y ejercitarla para así poder desarrollarnos como mejores personas.

El guerrero de luz

Prócoro Hernández Oropeza

En el camino del crecimiento espiritual enfrentamos muchos retos y uno de ellos es el de superar la dualidad, esa ilusión del ego que nos mantiene atrapados en un estado de sufrimiento, aflicción y la sensación de soledad y desconexión. El guerrero espiritual sabe que en su sendero no hay retorno; ciertamente debe enfrentar muchos retos y cada uno es una prueba para su voluntad, su valentía y su decisión. Decía un coronel japonés que él había ganado muchas batallas y recibido diversas condecoraciones por su honor y valentía, pero aún le faltaba conquistar una, la más importante: la batalla interna, la lucha contra sus egos. Y es verdad, eso es lo más venturoso.

El guerrero de luz no duerme, siempre está al acecho, cazando los egos que se le echan encima como lobos para tragar su paz interna y evitar su conexión divina. También observa los egos de quienes le rodean y nunca cae en sus provocaciones; sólo observa y desde ese estado fluye hacia otro de energía vibratoria alta. El guerrero de luz siempre está vibrando en las frecuencias más altas del amor y cuando una persona se le acerca con una vibración baja, de sufrimiento, lástima, tristeza o enojo, el guerrero permanece en su nivel vibratorio y desde ahí, desde la compasión intenta elevar el nivel de dicha persona. Nunca baja al nivel vibratorio del otro y si lo hace es consciente de ello y desde ahí puede elevar la frecuencia de ambos y salir de la dualidad.

El guerrero de luz siempre permanece en estado devocional y compasivo y cuando reza por alguien o le envía buenos deseos le está dando formas de protección o elevándolo. Y al revés, sabe que cuando piensa negativamente en alguien, está atacando a esa persona y le manda armas de destrucción; lo está haciendo vulnerable. El guerrero entiende que él es un agregado de sus pensamientos y actividades pasadas, por lo que sólo cultiva pensamientos de amor, compasión y devoción. El guerrero ve a todos los seres pensantes y sintientes como a una energía de Dios, y así ve tanto a los amigos como a los enemigos, a su defensor como a su atacante. Eso de ninguna manera significa que acepte cualquier tipo de comportamiento o que ponga su cabeza en la boca de un tigre.

Como sabe que es un agregado de sus pensamientos, entonces siempre cultiva las virtudes humanas, actúa en consecuencia y las respeta de palabra, pensamiento y obra. Es congruente porque sabe que con ello está construyendo su futuro, no obstante está viviendo y disfrutando plenamente el presente. Y si un día se enfrenta a graves complicaciones en su vida, se detiene a analizar qué leyes universales está violando y corrige. Sabe que cuando el Señor le otorga bendiciones es una prueba para ver cómo las usará. Y cuando Él le quita esas comodidades, también es una bendición y una prueba.

El camino del guerrero de luz, de acuerdo a B.T. Swami, exige coraje, determinación, disciplina, compasión intensa y amor incondicional. Sabe que este mundo no es el capítulo final, sino uno de tantos que debe recorrer y ha recorrido por centurias. Al guerrero, los desafíos y la adversidad lo purifican y los obstáculos lo obligan a correr más rápido, no tiene el lujo de perder el tiempo. Para el guerrero el amor es el arma más contundente y poderosa y se vale de ella para conquistar su gloria.

Intuición espiritual

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

Cuando alguien inicia su búsqueda espiritual puede tropezar con varios obstáculos. Unos encuentran su verdad, otros abandonan el camino decepcionados y muchos más ni siquiera saben que existen estos senderos para lograr su liberación de la oscuridad o de la vida ordinaria en que transitan.

El camino espiritual, decía Budha, parte de un vislumbre que nos da impulso. Dicho vislumbre tiene que ver con la intuición espiritual. Cuando en la columna anterior mencionaba del camino del medio, este tiene que ver precisamente con lo que Budha llamó el sendero óctuple o noble sendero. El sendero hacia la budheidad o iluminación. Eso significa que hay caminos y mapas para llegar a ese estado de santidad o iluminación, sólo es cuestión de buscarlos.

Y precisamente una de las primeras etapas de este sendero es esa visión, vislumbre, experiencia o intuición que nos da la guía para encontrar ese camino. Sin esta intuición inicial nada ocurriría. Esa intuición o señal puede llegar de diferentes maneras. Puede ocurrir después de haber sufrido un fuerte accidente, tocar fondo en una crisis existencial o simplemente porque le hace caso a su voz interior.

Se sabe de personas que después de haber estado al borde de la muerte retorna con lucidez y experimenta un cambio en su vida. A partir de esa experiencia se transforma en una nueva persona. En la medida que esta experiencia es más o menos fuerte y penetrante, esta permea todo su ser, transformando la emoción, el habla y cada una de las cosas que lo configuran como seres y finalmente emergen renovados y con una conciencia luminosa, compasiva y libre. Entonces la visión de la existencia es perfecta, completa, sin tacha.

La intuición inicial transforma, en alguna medida, las distintas partes de del Ser, esta trasformación hace que la visión sea más clara y profunda y esto aumenta la transformación y por lo mismo la búsqueda de respuestas que den sentido a la vida. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí?

En mi caso después de abordar diversas escuelas, primero de desarrollo humano y después espiritual, encontré mi camino, hallé las respuestas que se hacen arriba y ahora sé con claridad quién soy, a qué vine a este planeta y cuál es mi misión. Y aún esta misión se va aclarando cada día. La primera definición de mi misión la desarrollé en un diplomado sobre Alta Dirección. Llegué a los cuarenta sin saber mi misión, sólo ideas vagas de mi verdadero propósito. En esa ocasión la definí así: “Ser feliz y hacer feliz a los demás”. Fue entonces cuando me di cuenta que la felicidad no dependía de nada externo a mí, sino que era parte de mi construcción, pero fundamentalmente esa es mi esencia.

Cuando comprendía esta última parte, que la felicidad era mi constitución interna entonces la modifique así: “Soy amor en acción y unidad con todo”. Es que el amor es nuestra verdadera esencia. Amor es felicidad, armonía, paz interior y todas las virtudes que son inherentes al ser humano. Virtudes que hemos olvidado o menospreciado.

Recientemente tuve un sueño en donde nuevamente me hacen redefinir mi visión. Cuando la veo escrita en un pintarrón, esto en el sueño, decía así: “Soy Dios en acción”. La repito: Yo soy Dios en acción y una voz me replica. No. Soy dios en acción. El Yo es el ego. Que enseñanza más bella puede llegar inclusive en los sueños. Luego comprendí el significado de la misma. No significa que yo sea igual a Dios, sino que debo seguir su ejemplo. Ser como Dios es, Vivir como Dios vive, Amar como Dios ama. Eso significa simple y llanamente ser expresión de las virtudes, vivir las virtudes, ser la expresión del amor. Un gran reto y oportunidad de servir al Infinito.

El camino del medio

Prócoro Hernández Oropeza

En la vida tenemos que aprender a caminar por el sendero del medio. Por un lado agobiado por los problemas cotidianos, el diario batallar para sobrevivir, la violencia, corrupción, engaño, manipulación. Por otro, entre el glamur, las tentaciones, los desenfrenos pasionales, la vanidad o la codicia. Saber sortear esas polaridades sin identificarse o sin deslumbrarse ante esos paraísos falsos, es el reto de la humanidad.

Sólo que nadie nos ha dicho cómo sortearlo con sabiduría ni nos han diseñado un manual para hacerlo o la información suficiente para tener éxito. Eso se aprende en el día a día, pese a que los grandes maestros nos han dejado grandes joyas para trascender estas realidades. Sin embargo, pese a que están ahí, al alcance de cualquiera no tenemos la capacidad para decodificar los mensajes. Ahí está la Biblia con hermosos ejemplos de vida, con instrucciones precisas para dejar de sufrir o para trascender nuestros límites, pero algo pasa que no los comprendemos, no podemos captarlos a simple vista. Lo mismo sucede en otros libros sagrados como el Corán, o los textos vedas.

Ya lo dijo Jesús: “El que tenga oídos que escuche”. Budha por ejemplo dejó como legado el Camino del Medio, un mapa preciso mediante el cual él alcanzó la iluminación. Predicó que a través de la moderación, que supone la huida de los extremos, tanto la indulgencia con los sentidos como la auto-mortificación y a través de la práctica de la sabiduría, la moralidad y el cultivo de la mente, se puede obtener el Samadi o iluminación.

Este camino presupone tres aspectos: 1.- Entrenamiento moral que consiste en desarrollar todas las cualidades positivas y en el cultivo de las virtudes, en el respeto profundo de todo ser viviente, en la adquisición de una profunda compasión y benevolencia. Enseñó que había que poner los medios necesarios para que los otros seres sean felices y, en lo posible, evitar cualquier sufrimiento a toda criatura viviente.

2.- Entrenamiento mental que consiste en el entrenamiento de la mente, lo que a la vez ayuda a desarrollar el corazón, haciendo al individuo más humano y sensible.

3.- Desarrollo de la sabiduría. Esto supone que mediante el entrenamiento moral y mental nos conduce a la cúspide de la sabiduría, y a la comprensión de las tres características básicas e inherentes de la existencia. Las características básicas de la existencia son: el sufrimiento, la impermanencia y la impersonalidad.

El sufrimiento es universal y alcanza a todos los seres vivos. Por una actitud equivocada de nuestra mente, la impermanencia nos origina sufrimiento de tal forma que al sufrimiento inevitable, le añadimos el deseo o afán de aferrarnos a todo cuanto es transitorio y efímero. Nada es permanente, estable, inmutable. Todo cambia, todo fluye. Lo que tiene comienzo, tiene fin. Nada es estático.

El Budha después de su iluminación definitiva, formuló las cuatro nobles verdades:

1.-La primera Noble Verdad es la del sufrimiento:

El nacimiento origina dolor, así como la decadencia, la muerte, la asociación con lo que nos desagrada, la separación de lo que amamos, y la no obtención de lo que se desea. En todo hay sufrimiento.

2.- La segunda Noble Verdad es la que el sufrimiento tiene una causa: el deseo, el apego.

3.- La tercera Noble Verdad es que el sufrimiento puede ser eliminado, si el deseo es superado. El Nirvana representa la eliminación del deseo y del sufrimiento.

4.- La cuarta Noble Verdad es la del sendero que conduce a la liberación, al Nirvana. Éste es el noble sendero óctuple. Vivir de acuerdo con los preceptos del noble sendero óctuple conduce a la meta final.

Ese óctuple sendero obviamente engarza esos tres principios: entrenamiento moral (práctica de las virtudes humanas), entrenamiento mental, (eliminación de los agregados psicológicos); estos dos aspectos nos dan el tercer principio: la sabiduría para desapegarse de los deseos y por consecuencia del sufrimiento. Sin deseo no hay sufrimiento, simplemente nos dejamos fluir en las corrientes de energía del universo, o de Dios. Caminar como Dios camina, vivir como Dios vive, piensa, siente y ama.

El lado oscuro de nuestra luna

Prócoro Hernández Oropeza

Nuestra constitución interna es tripartita. Poseemos un cuerpo físico, pero también un alma y un espíritu. Es una trinidad que no se puede negar, a pesar de que la ciencia oficial no reconoce ni al alma ni al espíritu. Ese pensamiento predomina en todas las academias y para la ciencia oficial no somos más que este cuerpo físico que posee un cerebro en donde se generan los pensamientos y las emociones. Sin embargo la ciencia realmente no ha podido encontrar explicaciones a muchos aspectos de la vida humana como el sueño, o en dónde realmente están esos pensamientos y emociones, la muerte misma, la resurrección o qué existe después de la muerte.

Esas explicaciones las reducen a meras suposiciones de las religiones o de las creencias populares. Todo se reduce a que una vez que el cuerpo físico muere ya no existe nada más, nos perdemos en el basurero de los recuerdos. Ahí acabó la historia del fallecido y después sólo quedamos en la memoria.

Aunque muchos confunden el espíritu con el alma, en realidad son dos aspectos o fracciones distintas pero no separadas. Si hemos dicho que no somos humanos que vinimos a vivir experiencias humanas, sino al contrario, entonces sabremos que somos inmortales. Nuestro espíritu, llámese también Ser, gen divino, dios interior, fuente de luz, es inmortal y viene o ha venido a esta tierra a vivir diversas experiencias. Sabrá Dios cuántas veces hemos retornado. Y retornamos para sanar nuestra alma.

Nuestra alma es el vehículo del espíritu. Si el espíritu es inmortal y es la chispa de dios en nosotros, en el alma o psique se encuentran los pensamientos, las emociones y la voluntad. El espíritu es conciencia, es intuición y comunión, es luz y sabiduría, pero algo pasó en algún momento de nuestra evolución espiritual que parte de nuestra alma cayó en la oscuridad. Fue tomada por esos defectos psicológicos o agregados, conocidos también como egos o pecados capitales que se apropiaron de esos pensamientos, emociones y nuestra voluntad. Entre los egipcios se dice que Seth y sus demonios rojos mató y descuartizo a Osiris. En este caso Seth representa a esa legión de egos que toman prisionero a Osiris, el Ser y lo fragmentan, fragmentan su conciencia.

En todas las culturas antiguas se habla de esta batalla entre la oscuridad y la luz, entre Seth y los demonios contra Osiris o entre Mara y sus demonios contra Budha en la India o Coyolxauhqui y los sureños que intentan matar a Coatlicue cuando se embaraza de Huitzilopochtli, el Ser. Es la forma en cómo esas historias nos ilustran las batallas de los demonios contra el Ser, de los ángeles rebeldes contra dios. Esas batallas se dan en el alma, porque los demonios se han apropiado de nuestros pensamientos, emociones y voluntad.

Esas legiones se encuentran la parte oscura de nuestra psique. Esos agregados nos obligan a pensar, sentir, decir y hacer lo que no queremos pensar, sentir, decir o hacer. Son los celos, el rencor, el miedo, la lujuria, el orgullo, la vanidad, la envidia con sus múltiples expresiones. Y estamos tan identificados a estos agregados de tal forma que pensamos somos esas entidades. Nos mantienen en la ilusión o Maya y nos sentimos separados de nuestra fuente, de nuestro dios interior y por ello sufrimos.

Cuando somos conscientes de esta, nuestra naturaleza divina, sabemos entonces que hemos venido muchas veces a este planeta en diferentes cuerpos. El único objetivo es para sanar nuestra alma. Algún día tendremos que ganar esa batalla contra estos agregados psicológicos, como lo hicieron en su momento Budha, Krishna o Jesús. Sanar nuestra alma y ponerla a disposición de nuestro real Ser es una de las metas y condiciones si es que deseamos retornar a casa, de la que algún día salimos.

Nuevos propósitos

Prócoro Hernández Oropeza

No sé si por la edad o porque algunos científicos aducen que la tierra gira más rápido que hace unas décadas, me da la sensación de que el tiempo pasa muy veloz. Esa misma opinión también la comparten otros amigos y posiblemente usted, querido lector. Sea lo que sea hemos arribado al 2012, un año que se antoja imprevisible, o tal vez incierto, si lo vemos desde una perspectiva pesimista. Si lo miramos con otra cara, con optimismo, podríamos creer que será un año grandioso, de transformación y progreso, abundancia y felicidad.

Lo que importa es saber que toda cambia, nada es igual y cualquier evento que nos ocurra, sea positivo o negativo, ocurre por algún motivo. Nada es casual, detrás de ese evento hay una causa que origina un efecto. De nosotros va a depender cómo asumimos esos eventos, sean positivos o negativos.

Por ignorancia o porque así nos han acostumbrado, las gentes siempre protestan contra los eventos desagradables, nunca saben ver la utilidad de tales eventos. Nunca nos enseñaron que en vez de protestar contra las circunstancias desagradables debemos extraer de las mismas los elementos útiles para nuestro crecimiento anímico.

En una escena de celos amorosos, por ejemplo, intervienen yoes de ira, celos y hasta odio. Si no comprendemos cada uno de estos yoes tendemos a culpar a otros de lo que nos ocurre. Y esa tendencia es un obstáculo para la comprensión de nuestros propios errores. Desgraciadamente resulta tarea muy difícil destruir en nosotros la tendencia a culpar a otros. Nosotros somos los únicos culpables de las diversas circunstancias desagradables de la vida. Es nuestra creación.

Sólo póngase a pensar que los distintos eventos agradables o desagradables existen con nosotros o sin nosotros y se repiten mecánicamente en forma continua. Partiendo de este principio ningún problema puede tener una solución final. Puede haber modificación de las circunstancias y de los problemas, más nunca dejarán de repetirse y jamás tendrán una solución final.

Si somos conscientes de esto, de que somos los únicos responsables de lo que nos acontece en el diario vivir, nosotros tenemos la capacidad de modificar las circunstancias o sus efectos. Por ejemplo, alguien se queda sin trabajo o lo deja su esposo, ¿qué pasaría con esa persona si se identifica con el miedo de no encontrar otro trabajo o quedarse sola en la vida? Simplemente se identifica con la adversidad, los egos del miedo o de los celos, el resentimiento o el odio. Si logra desidentificarse de ellos y asume su responsabilidad con una actitud positiva, puede trascender esos obstáculos sin mucha dificultad, pero también puede aprender la lección que le otorga tal evento.

Debemos entender que la vida es una rueda que gira mecánicamente con todas las circunstancias agradables y desagradables, siempre recurrente. No podemos detener la rueda, las circunstancias buenas o malas se procesan siempre mecánicamente, únicamente podemos cambiar nuestra actitud ante los eventos de la vida.

Así que este 2012, podemos verlo con optimismo, aún a sabiendas que las cosas pueden ser distintas. Puede ser que gane el PRI con su oscuro pasado, o el perredista con tintes mesiánicos o un PAN que no pudo hacer posibles grandes postulados como el de subsidiariedad y por el contrario generó más pobreza y permitió que unos cuantos acumulen más riqueza. Así, tenemos tres escenarios posibles en este plano, del cual somos corresponsables todos. Gane quien gane nuestro trabajo de desarrollo espiritual, político o filosófico debe continuar, confiando en que algún día sólo gobierne la ley del amor. La Ley de Dios.

Y recuerda que todo lo que nos acontece, sea positivo o negativo, es nuestra creación. Pregunto ¿cómo quieres que sea este año?

2012, año polémico y estigmatizado

Prócoro Hernández Oropeza

Estamos a pocas horas para que concluya el 2011 y arribamos a un año, al que muchos han estigmatizado. Tanto se ha escrito sobre el 2012, lo mismo se han producido películas con tintes sumamente apocalípticos. Sobre las profecías mayas se han generado diversas interpretaciones, desde aquellas que señalan que este es el fin de un ciclo de la humanidad y que viviremos catástrofes terribles que pondrán en peligro a la humanidad, hasta aquellas que sólo avizoran cambios vibracionales de la tierra o de dimensión y transformación de conciencia.

Los apocalípticos, con un dejo de culpabilidad por todos nuestros errores, proyectan en su mente el castigo, sea de los dioses o de la madre tierra. Toman como referencia lo que ha acontecido a otras humanidades en el planeta, como por ejemplo el diluvio del que se habla en la Biblia. También basan sus pronósticos en profecías antiguas, incluyendo el apocalipsis de san Juan. Los que visualizan una transformación de conciencia y de dimensión, pasar de la tercera a la cuarta dimensión, en el fondo anhelan que esta humanidad arribe a una nueva era de armonía, amor, paz, libertad, justicia y sabiduría. En el fondo todos anhelamos una sociedad así, la era dorada de la que han hablado muchos maestros o la construcción del nuevo Edén. Ese paraíso del que fuimos corridos hace miles de años.

Es necesario entender que esa era dorada no llegará por arte de magia o porque la tierra entra a una nueva dimensión de conciencia y de espacio. Esa ese paraíso lo tenemos que ganar a pulso realizando un proceso de trabajo interior, un proceso de transformación de nuestra psique para reconectarnos con nuestro Ser íntimo. Ese paraíso debemos empezar a construirlo desde ahora, cambiando paradigmas y encarnar en nuestros actos cotidianos las virtudes del Ser. Virtudes como el amor, la generosidad, la paz interior, la templanza, castidad científica, humildad y compasión.

Sólo conectándonos con el amor que proviene de nuestro real Ser podremos ir forjando ese paraíso. Me refiero a ese amor que es la madre de las virtudes y no distingue raza, credos, sexo o identidad política ni estatus social. Si aceptamos la responsabilidad de que somos creadores, entonces tenemos esa capacidad de transformar nuestro mundo actual. Porque finalmente este planeta, con todo y sus entuertos y satisfactores es nuestra creación. Este país con sus proezas y sus flaquezas, incluyendo la ola de violencia y crueldad que siembran los desalmados, es nuestra responsabilidad.

Para culminar este artículo, sólo deseo que el próximo ano sea pleno de amor, sabiduría, paz interior, abundancia y felicidad, además les regalo este poema de mi autoría.

Amemos

Amemos a quienes buscan incansablemente

a quienes aman a distancia

a los que viven a destiempo y ríen sin prisa

a las mujeres que encienden cirios con la mirada

a quienes perfuman con mirra los laberintos del alma

A la soledad del mirlo

al canto de la piedra

a quienes aman sin esperar nada.

Amemos sin respiro

a quienes buscan a dios en las estrellas

a los hacedores de utopías

a los caballeros de la nostalgia

a los perfumes limpios de la tierra

a los perros que lamentan la partida de su amo

a los vivos y a los muertos

Con todos los poros de la vida…

Amemos al hombre que cultiva el trigo

al jinete que se extravío en el cielo

a los montes cuando escupen fuego

a los mendigos de conciencia

a los que se regocijan con la música del alba

a quienes lloran frente al mar y se arrepienten.

El nuevo hombre solar

Prócoro Hernández Oropeza

La noche buena, navidad, o natividad se ha convertido en una celebración muy importante en nuestras culturas. La primera intención de esta celebración es recordar el nacimiento de Jesús en Belén. Es muy discutida ese día, 24 de diciembre, de tal forma que aún en el cristianismo existen distintas fechas para celebrarlo. En una segunda intención, consciente o no, esta fecha se ha convertido en un espacio para que las familias se reúnan a cenar e intercambiar los regalos y esperar la llegada del famoso Santa Claus o simplemente compartir buenos deseos de paz y fraternidad.

Los niños, sobre todo, esperan con ansías el momento en que les llegue su regalo. Entusiasmados por las promesas de sus padres que si se portan bien, ese famoso personaje que nada tiene que ver con la idiosincrasia de nuestro país, les cumplirá su deseo. Pero la televisión y toda la mercadotecnia han sabido meterse en el subconsciente colectivo y han hecho creer que ese señor regordete y vestido de rojo se introduce por las chimeneas y trae los regalos. Bueno, aquí no tenemos chimeneas ni cae nieve, tampoco existen renos pero la publicidad nos proyecta ilusionismo y nos los creemos.

Con esto quiero decir que se pone más atención a al aspecto material que a recordar una fecha memorable para el cristianismo. El nacimiento de un hombre que, con su vida ejemplar y su muerte, afectó el pensamiento religioso, filosófico, social y cultural de una gran parte del planeta.

Datos históricos indican que el festejo de la Navidad se celebraba ya anteriormente en otras culturas como en de Babilonia aproximadamente 2600 años a.C., festividad que luego sería adoptada por el imperio romano. La historia relata que en aquel entonces existía una reina llamada SEMIRAMIS en cuyo vientre crecía su hijo TAMUZ, que según aquella religión, habría concebido virginalmente. El paganismo de Babilonia trascendió las fronteras, asentándose con mucha fuerza en el politeísmo del imperio romano. Es ahí, donde se celebraba el día 25 de diciembre como “El festival de invierno”, en conmemoración del alumbramiento de TAMUZ, (Saturno para los romanos) el dios Sol encarnado.

Esta festividad iba acompañada de orgías, desenfrenos y una gran inclinación hacia el valor de la amistad, lo cual se demostraba con intercambio de regalos y presentes para aquella fecha. También surgió la costumbre de adornar las puertas de cada casa, con coronas de flores y hojas verdes y por cierto la práctica de adornar un árbol con frutas y decorativos alusivos al dios sol.

Esta era la fecha del solsticio de invierno y el centro de todo, era recordar y celebrar el nacimiento de la divinidad solar cuya concepción se había realizado en la virgen matriz de la reina del cielo.

El nacimiento de la divinidad solar es o debería ser nuestra principal intención al celebrar la navidad. Jesús, como maestro, vino a enseñar el camino para convertirnos en un verdadero Cristo. Él nació, luchó y murió para crear su divinidad solar. Creó sus cuerpos solares y con ello se cristificó, es decir regresó al seno del Absoluto, con su Padre/Madre. Nosotros, como Jesús, si queremos regresar a ese sol absoluto, debemos crear esa divinidad solar, muriendo y renaciendo todos los día. Morir en el ego significa eliminar todos aquellos aspectos psicológicos que nos apartan de la luz, del amor, la generosidad, humildad y la paz interior.

La navidad debe celebrarse todos los días, en cada momento en que decidamos eliminar uno de esos miles de egos que nos mantienen prisioneros; de esos entes que controlan nuestros pensamientos, emociones y nuestra voluntad. Morir para renacer constantemente sin identificarnos más con la oscuridad, con esos Yoes que tienen de cabeza al mundo. Esto es indispensable para forjar al hombre nuevo. Feliz Navidad.

La perla tapatía en los límtes de la cordura

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

Las ciudades modernas crecen a pasos de gigante. No hay voluntad humana que las detenga, ni mucho menos planes para que en nuestro país se redefina su crecimiento y por tanto su planeación. La semana pasada, por cuestiones personales estuve en esa ciudad y experimenté el pulso de una gran metropoli como Guadalajara. Sus calles y avenidas aún conservan los vestigios de los juegos Panamericanos, pero también experimenté la vivencia de sus jardines, su pulcritud y sobre todo la gran afluencia de vehículos. La cordura y paciencia de los conductores ante los embotellamientos en las horas pico, pero también la irritabilidad o la terquedad de quienes llevaban prisa.

Es cierto, Guadalajara, como lo dice una canción, se estableció en un llano, un gran valle, pero al ritmo que crece, ese llano se está agotando. La ciudad se ha trepado a los pocos cerros que se le rodean y en pocos años su voracidad llegará hasta el lago de Chapala. Aún así, Guadalajara sigue siendo una perla en medio de tanta vorágine.

Una perla que cuenta con parques bien cuidados, árboles que florecen en primavera y le dan un colorido espectacular. Cabe destacar sus iglesias, así como una arquitectura única que va de lo tradicional al modernismo. Mercados espectaculares donde uno encuentra todo lo que se le antoje, lo mismo que tianguis ambulantes que recuerdan las mercaderías indígenas. Sin faltar por supuesto, las grandes plazas comerciales, hasta los tianguis culturales. En cuanto a cultura, Guadalajara cuenta con muchos eventos de este tipo y algunos de renombre internacional como la Feria Internacional del Libro. Ha sido cuna de hombre ilustres que han destacado en las letras, la pintura, la música, política, el folklore, inclusive en el deporte.

Pero esta perla parece opacarse por sus problemas de crecimiento. Y aunque los gobernantes se han ocupado en dar respuesta a estas necesidades, son insuficientes. Por ejemplo, para agilizar la circulación vehicular han incrementado nuevos carriles sacrificando, en algunos casos, camellones con árboles o realizando bellas obras de ingeniería materializadas en puentes y circuitos. Pero ni aún si se da abasto al rugido de miles de automotores. Algunos ambientalistas han cuestionado estas políticas urbanas que dan prioridad al auto y no al peatón o a otros medios de transporte, como el uso de bicicletas o más líneas del metro.

En algunas ciudades europeas el uso de bicicleta es muy común. Para ello se han construido carriles especiales para este medio de transporte. Operan para ello empresas que rentan las bicicletas y si uno quiere trasladarse, por ejemplo de la central camionera al centro de Guadalajara, por x cantidad de monedas se renta la bici y al llegar a su destino encontrará sitios de recepción del vehículo. Esa es una buena opción para dejar de usar el vehículo, pero se requiere de un cambio de actitud y de paradigmas, primero del gobierno y luego del ciudadano.

Sí, Guadalajara sigue siendo una perla que no ha dejado de brillar, pero se tiene que seguir puliendo para que su resplandor nos alegre el corazón cuando la visitamos y siga dando ánimos y vitalidad a quienes la viven y la disfrutan a diario. Una ciudad que no debe perder su rasgo humanitario y convierta al ciudadano en un robot que camina con prisa o miedo, como en otras ciudades.

Nuestro sol central

Prócoro Hernández Oropeza

Cada atardecer es muy diferente cada día. Ninguno se repite, ni los rayos son los mismos ni el sitio donde se esconde o se sumerge el sol es el mismo. Aquí lo vemos caer suavemente sobre el mar, en otras ciudades tal vez se oculte atrás de una montaña o de un simple valle o el desierto. A nosotros nos ha tocado la fortuna de verle ocultarse en este maravilloso lecho marino. Y dependiendo de varios factores, entre ellos el grado de nubosidad o de época, cada puesta de sol es muy distinta. No es la misma puesta de sol en verano que en otoño. Varía también en primavera y en invierno. Es como la vida misma, siempre distinta, siempre cambiante y su luminosidad va a depender de nuestros sentimientos y actitudes, de nuestras alegrías o desencantos. Si por mi mente pasan pensamientos de agobio, así de gris será mi luminosidad.

Muchos esperan con ansías el atardecer y he mirado, sobre todo a turistas, que sienten plena emoción cuando se funde le sol con el mar, unos aplauden y tal vez otros lloren de alegría o de nostalgia, no lo sé. Lo curioso es que muchos de los que vivimos aquí ya nos hemos acostumbrado ver el atardecer como cualquier otro. El Sol (del latín sol, solis) es el simbolismo del triunfo de la luz sobre la oscuridad, el creador, el omnipotente y dador de vida, la vida eterna. No es por ello casual que las distintas culturas ancestrales buscaran en el sol el origen de nuestra divinidad y se le convirtiera incluso en un dios. Por todos estos motivos y muchos más el Sol ha sido siempre venerado, y las mitologías de todos los pueblos del mundo dan fe de ello: Ra - Dios Sol en el antiguo Egipto; Helios, Dios Sol para Los Griegos; Inti, el Dios de los Quechuas; La Puerta del Sol en Tiahuanaco (Bolivia); Kinich Ahau - Dios Sol de los Mayas; Lugh - Dios Solar Celta; Surya, divinidad Solar Indú; Amaterasu - Diosa Solar de la Mitología del Japón; El Gran YU - Representación Solar de la Mitología China.

En todas estas representaciones encontramos que todas tienen en común una suerte de rayos o irradiación de luz alrededor de la cabeza. Es importante observar que estas imágenes corresponden a civilizaciones muy antiguas y apartadas no sólo geográficamente sino además en tiempo. Aún así todas ellas concuerdan en que El Sol sea representado como "una cualidad irradiante".

Tú que alumbras mi camino, altivo y divino maestro

Tus rayos forman mi corona de espinas

Purifican los laberintos de mi alma

Eterno sol de mil esplendores

Arcano del tiempo que no se detiene nunca

Ni siquiera ante los encantos del mar y la noche

Solo vagas por el numinoso cielo

Alumbrando y bendiciendo con tus rayos

A las almas que cayeron en las sombras de sus miedos.

Son tantos los simbolismos los que refleja el eterno sol. Esa cualidad irradiante se corresponde con la energía que se manifiesta en el centro de nuestro propio ser y físicamente lo ubicamos en el corazón. En nuestro interior se encuentra nuestro sol central, el eterno sol que algún día resplandecerá . Y cuando veamos un atardecer y logremos captar su majestuosidad, podremos ver la nuestra en nuestro interior, con la esperanza de que algún día ese, nuestro sol central interior brille como el gran astro rey.

Quiero ser como Quijote

Prócoro Hernández Oropeza



Aparte de la felicidad, la salud y la riqueza o bienestar económico, la libertad es otro de los bienes muy preciados por el ser humano para su plena realización. Esto lo expresa muy bien Don Miguel de Cervantes Saavedra, cuando Don Quijote le dice a Sancho que la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.

Y uno de los valores capitales de ese grandioso libro era precisamente esa ansia de libertad que pregonó Cervantes a través de su Quijote de la Mancha. Como un caballero que viajaba de pueblo en pueblo, a lomo de su rocinante, Don Quijote luchaba contra todo opresor. Decía: “Yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda pero no la honra. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines que son hacer el bien a todos y mal a ninguno”.

Pero como todo, no puede haber libertad absoluta. Según el Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española: "la libertad es la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo; es el estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro; es la falta de coacción y subordinación; es la facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas, de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres".

Por tanto, el ser humano es libre hasta en tanto sus acciones no transgredan los derechos y la integridad de los otros. Así que la libertad es relativa y unos somos más libres que otros, dependiendo de varios factores como el tipo de gobierno, las leyes, la moral y valores que nos rigen, pero también de nuestro nivel de consciencia.

Y aunque se reconoce que la libertad es la facultad de hacer todo aquello que no perjudica a otro o el derecho de hacer cuanto las leyes permiten y todo lo que no prohíben, esto dista mucho de ser cierto. Internamente nos encontramos prisioneros de los agregados psicológicos. Creemos que por el hecho de ejercer el libre albedrío podemos hacer lo que querramos, en realidad esto es falso. Por lo general hacemos lo que no queremos hacer, decimos lo que no queremos decir, pensamos lo que no queremos pensar. Hay alguien interno que es o se siente superior a nosotros. Ese alguien es un ente con muchos rostros y voces.

Ese ente es el que nos tiene encarcelado en su prisión, en la ilusión del sufrimiento y el dolor. Son los múltiples yoes que arrastran nuestros pensamientos, emociones y acciones, la voluntad, hacia el miedo, el rencor, el odio, la tristeza, la angustia, el orgullo, la lujuria. Para liberarnos de esos tiranos se requiere una batalla interna. En el alma. Podremos tener libertad externa, pero sin esa libertad interna sólo somos simples vasallos o soldaditos al servicio de esas legiones egoicas. Ya lo decía Mandela: “Podrán encarcelar mi cuerpo jamás mi mente”. Pero es obvio que Mandela, para arribar a esa conclusión, debió vencer a sus carceleros internos, entre ellos el miedo. Recuérdese que libró muchas batallas externas y varios años de su vida los vivió en la cárcel.

Debido a esas legiones o llámese también nuestros demonios internos, estamos inmersos en el batallar de los opuestos. Vivimos nuestra vida con muchos altibajos, ora felices, después tristes; con momentos de paz interior pero muchas veces cargando ira, resentimiento, odio. Son pocos los momentos de amor y éxtasis, mucho tiempo en el desamor, desconectados de nuestra verdad interna, que es el amor, la verdad, la sabiduría. Tarde o temprano tendremos que darle fin a esos carceleros, los egos, para recuperar nuestra verdadera libertad y el florecimiento de nuestro Real Ser. Entonces no habrá necesidad de leyes, ni gobiernos, sólo viviendo bajo la ley del Amor.


De la oscuridad a la luz

Prócoro Hernández Oropeza

La forma en cómo se están masacrando decenas o centenas de mexicanos habla de de una descomposición social, moral y cultural. La subcultura de la violencia y el narcotráfico están revelando lo más mísero y cruel de la condición humana. Son, sin duda varios los factores que provocan este grado de insensatez y criminalidad, sobre todo la falta de respeto por el hermano, la falta de respeto por lo más agrado que es la vida.

En la prensa, en vez de dar fe de la grandeza de los mexicanos, de su nobleza y sencillez, de su genialidad y su solidaridad, cada día nos refrescan las estadísticas de los muertos. Ya no sólo de cuántos asesinados se registran en cada estado, sino de la forma en que los asesinan. Inclusive han modificado el lenguaje. En vez de decir que han asesinado a fulano de tal o mataron a balazos a tantos sujetos, indican que fueron ejecutados.

La ejecución era un término que se usaba en la jerga militar. En el ámbito del derecho y la justicia, el concepto de ejecución se emplea para hacer referencia a dar muerte a un condenado. En la época de la revolución mexicana, cuando estaba en vigor la pena de muerte, la ejecución se aplicaba a quienes traicionaban a la patria o cometían hechos delictuosos graves. En países donde la pena de muerte está vigente se sigue empleando ese término.

Como muchos de los muertos, de acuerdo a los reportes de la prensa, son asesinados por sus enemigos, se dice que fueron ejecutados. Lo más lamentable es que su “ejecución”, la forma en que son asesinados es cada vez más canalla, cruel y despiadada. No basta con que los asesinen con una bala, los descuartizan, los incineran, los entamban o los deshacen con productos químicos. Todavía aún más los asesinan y amontonan sus cadáveres en lugares públicos, visibles, como para dar fe de su poderío, pero también de esa crueldad desalmada. Son verdaderos carniceros, cuyas acciones demuestran su total bestialidad, almas que ya se desconectaron totalmente del amor, de su divinidad interior.

Allá en los años setenta, esa crueldad y el narcotráfico sólo se desplegaban en Culiacán y sus alrededores. Los balazos en esa ciudad eran el pan de todos los día, lo mismo que los muertos. Las muertes de mayor impacto eran aquellos que caían con varios impactos por ráfagas de cuernos de chivo, de arriba de cincuenta perforaciones de balas. A la salida norte, no recuerdo si el gobierno o alguien más, colocó una mampara donde se registraba diariamente la estadística de muertos.

Algún karma nacional estaremos pagando, es posible. Que a Felipe Calderón le ha tocado bailar con la más fea, es verdad y obviamente a los soldados, policías, jueces y familiares de los han caído por su implicación en esos actos delictivos o aquellos que se cruzaron accidentalmente. Pero en el fondo, todos los mexicanos estamos cargando con esas aberraciones de la criminalidad, producto del ego de la avaricia, la envidia y sobre todo a la ira. Esos son los demonios que están moviendo a esta maquinaria de guerra y muerte. Ante ello sólo nos queda, por un lado, no caer en el miedo ni en el pesimismo y abanderar la práctica de las virtudes que son la polaridad de esos demonios o pecados capitales. De la Ira la paz interior, contra la avaricia, la generosidad y contra la envidia, desapegarnos de los deseos y alegrarnos por lo que otros tienen.

Sobre todo, entender que todos somos uno, una unidad y lo que le hago al otro, a mi semejante, se devuelve contra mí. Comprender que no estamos separados de las otras almas que habitan el planeta. Sólo que unas están viviendo en sus mundos infernales y obviamente tratan de afectar nuestra luz, pero depende de nosotros si lo permitimos. Nosotros somos la bombilla y Dios la electricidad que fluye a través de nosotros, sólo que cada uno decide cuánta luz dejamos pasar o la bloqueamos definitivamente como esos deslamados que se enseñorean con su crueldad. Usted decide transitar por la luz o en la oscuridad.

La prudencia en acción

Prócoro Hernández Oropeza

“Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento y los que hayan ensenado a muchos la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos”. Este es un texto maravilloso extraído de la Biblia, Daniel- 12:3-4, que sigue vigente, ni duda cabe. La prudencia es una virtud que debiéramos practicar toda la vida, momento a momento. Siendo conscientes de esta virtud sabríamos en qué instante detener un pensamiento, una palabra o emoción conectada a la ira, al odio, la venganza, el rencor, la avaricia o el orgullo.

Hace tiempo leí una novela interesante que se llama “la Novena Revelación”, escrita por James Redfield. En ella destaca la necesidad de reconectarnos con nuestro gen divino, esa esencia de luz y sabiduría que habita en nosotros. Esto significa que el universo está formado por energía, nosotros también somos energía y podemos controlarla si somos conscientes de ello. Nuestros pensamientos, emociones, nuestras acciones indudablemente son energía dinámica, así que debemos aprender a conectarnos con ella de manera consciente, con esa energía que envuelve a todo lo que nos rodea. Con práctica se puede a ver el aura alrededor de los seres vivos y aprender a proyectar nuestra propia energía para entregar fuerza, sabiduría, luz, amor, verdad.

Sin embargo, como somos ignorantes de ello, lo primero que hacemos es robar energía de otros.

Esto se manifiesta a través de la lucha por el poder. Esta es la cuarta revelación de Redfield: ver al mundo humano como una vasta competencia por la energía y de ese modo por el poder. Esa competencia por la energía humana es la base de todos los conflictos. Dominando o manipulando a otros nos da la energía extra que pensamos necesitar. Seguro que se siente bien, pero ambas partes, dominantes y dominados, resultan dañadas en el conflicto.

Aunque Redfield no lo dice, en realidad quien busca esa energía es el ego. El ego del orgullo que desea imponer, ser superior, dominante. El de la avaricia que intenta a toda costa poseer más que el otro, acumular bienes sin importar cómo los obtenga, sea por la explotación de la fuerza humana o por actos deshonestos. Son los egos los que nos impelen a robar energía de los otros, no sabiendo que esa energía la podemos satisfacer de otra manera, más sublima, digna y sin dañar a nadie.

Esto sólo se puede hacer, como lo establece Redfield, conectándonos con la energía divina que llevamos dentro. La clave para sobreponerse al conflicto en el mundo es la experiencia mística, que es alcanzable para cualquiera. Para nutrir lo místico y construir esa energía, sólo debemos dejarnos llenar por un sentimiento de amor. Esto significa conectarnos con la energía del amor, esa fuente divina que nos mantiene en comunión con todo lo que nos rodea. De esa forma podemos vibrar en esa energía sutil y poderosa que viene del universo o de Dios. Te llenas de energía cuando ves un bello atardecer, el cielo estrellado, una noche con su luna llena reflejándose en el mar. Puede ser admirando el color tan nítido e indescriptible de una flor, el canto de un ave, escuchando una sublime canción o la sonrisa de un niño. También en una meditación profunda o en una oración que te conecta con tu real Ser.

En este proceso de conexión con la energía del amor, la prudencia es como la virtud que permite abrir la puerta para la realización de las otras virtudes y las encamina hacia el fin del ser humano, hacia su progreso interior. Ella nos indica cuando hablar y cuando callar. Es el freno del ego desembocado, de esos agregados psicológicos que buscan alimentarse de energía a través del miedo, ira, coraje, soberbia, avaricia o gula. La prudencia nos ayuda a reflexionar y a considerar los efectos que pueden producir nuestros pensamientos, palabras y acciones y es un puntal para actuar con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida.

Algunas estrategias del ego

Prócoro Hernández Oropeza

A lo largo de estas columnas hemos hablado del ego, de esos agregados psicológicos que se han enquistado en nuestra psique. Esos múltiples yoes que controlan nuestra mente, pensamientos y acciones, la voluntad. El ego es una mentira bien elaborada, un factor de discordias en nosotros. . El YO es un manojo de recuerdos, apetencias, temores, odios, pasiones, experiencias, egoísmos, lujurias, etc. Por eso se llama el YO Pluralizado. El Yo Pluralizado, el Ego, el Yo Psicológico, EL MÍ MISMO. Es una legión de entidades energéticas sutiles que nos controlan sin darnos cuenta de ello. Pienso lo que no quiero pensar, digo lo que no quiero decir, hago lo que no debo hacer.

El ego es la causa fundamental de todas nuestras íntimas contradicciones. El YO es el DEMONIO que llevamos dentro y usa diversas estrategias para mantenernos dormidos, en la ilusión, su ilusión del sufrimiento y anti amor. Entre las estrategias que usa vemos las siguientes: 1. La ofensa. Cuando alguien te ofende sientes ira, coraje, ganas de golpear o desaparecer a tu ofensor. Sólo observa quién se ofende. No es tu Ser, es el ego del orgullo junto con el ego de la ira. Dos compadres que hacen mancuerna para crearte conflictos y robar tu energía. Recuerda que las personas son como son y como no son.

2. La necesidad de ganar. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar siempre es un engaño del ego para conflictuarte con los demás. Es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y cuando pierdes el ego del orgullo te hará sentir insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder. Ese es el miedo del ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesidad de ganar un trofeo.

3. Libérate de la necesidad de tener razón. Si te liberas de esta necesidad vas a descargar mucha energía densa. El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aun más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que respeto su opinión y le doy las gracias por haberme encaminado hacia la verdad. Sólo pregúntate: ¿Qué quiero? Ser feliz o tener razón.

4. Libérate de la necesidad de ser superior. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Es el ego del orgullo que requiere superioridad. Todos somos iguales a los ojos de dios. Sólo trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta.

Todos emanamos de la misma fuerza vital. El sentirse especial siempre establece comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y se mantiene buscando ser superior a los demás.

5. Libérate de la necesidad de tener más. El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que es insuficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Aprende a desapegarte de las cosas o de las personas. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te llegara más de lo que deseas. El deseo, decía Budha, es el origen del sufrimiento. Ese deseo de poseer, ganar, tener fama, acumular más es del ego. Cuando aprendes a desapegarte creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz.

Conocimiento y sabiduría

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

En el tarot egipcio, la carta número siete, tiene como axioma lo siguiente: “Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado”. Es la carta del triunfo, el carro de las guerras, luchas, expiación y dolor, pero luego de trascenderlas viene el triunfo, el triunfo del espíritu sobre el materialismo, de la eliminación de dudas y errores. Gran sabiduría, ni duda cabe en estas antiguas enseñanzas del tarot. En ellas se recoge el conocimiento que los egipcios antiguos dominaban y guiaban su camino.

Cuando la ciencia entre a tu corazón, significa que cuando todas las teorías y sapiencias, razonamientos intelectivos sean comprendidos y asimilados desde el plano mental superior, lo que los indostanes denominan el Manas superior, entonces la sabiduría aflora y le sabe dulce a tu alma, a tu ser. Esto significa que trasciendes el Manas inferior o la mente condicionada por los egos y te conectas con esa mente que viene de tu Ser superior, entonces lo que pidas te será dado. El universo se abre a ti y puedes caminar sobre las aguas turbulentas, parar tormentas o controlar el fuego.

Un sabio usa su experiencia, reflexión e intuición para actuar, no tanto su intelecto. Sabe que lo que hace dice y piensa produce el bien a todos y no daña. Y no daña sencillamente porque no busca complacer a nadie, ni quedar bien, mucho menos descalificar o imponer sus criterios. Por eso se dice que la sabiduría es la habilidad desarrollada a través de la experiencia, la iluminación y la reflexión para discernir la verdad y el buen juicio. Usa el sentido común y la intuición para la toma de decisiones. La sabiduría tampoco se enseña, se desarrolla a través de la experiencia y su práctica está asociada con la virtud de la prudencia.

Acerca de la prudencia, en Kundalini yoga se narra la historia de Guru Nanak, el primer Guru de la tradición Sikh. Desde muy pequeño dio indicios de sabiduría y de joven empezó a predicar sus enseñanzas. Cierta vez pasaba por un pueblo en el que habitaba un viejo Guru. Al enterarse que Guru Nanak se encontraba en el pueblo lo fue a visitar y lo increpó diciéndole que era muy joven para considerarse un Guru. Inclusive lo retó a un debate en torno a la sabiduría védica. Guru Nanak aceptó el reto. Una vez reunidos en la plaza del pueblo y frente a decenas de personas, el viejo Guru realizó una magnífica interpretación del libro de los Vedas. Cuando le tocó el turno a Guru Nanak, este pidió que le trajeran a la persona más tonta del pueblo. Le pusieron frente a él al aguador. Nanak pidió que le sirvieran las mejores viandas, esto ante la mirada perpleja del viejo Guru. Luego que terminó de comer, Nanak le colocó la punta de su bastón en la cabeza y le dijo: Ahora nos puedes disertar sobre las enseñanzas de libro sagrado védico. El aguador dio una magistral cátedra de estas enseñanzas, ante lo cual el viejo Guru, además de sorprendido, admitió que en realidad el joven Nanak era un verdadero Guru. Con el simple toque de la cabeza del aguador, éste le había despertado la sabiduría interior.

Esta lección nos indica que esa sabiduría está ya en nuestro interior, sólo basta conectarnos con ella y despertarla, hacerla carne y hueso, manifestarla y alinearla con la naturaleza del universo. En la filosofía taoísta se afirma que la sabiduría consiste en qué decir y cuándo decirlo. El filósofo Confucio sostenía que se podía aprender de tres métodos distintos: la reflexión (la más noble), la imitación (la más fácil), y la experiencia (la más amarga). En síntesis, la sabiduría es un pilar fundamental para el desarrollo espiritual del hombre, y por lo tanto es necesaria practicarla y ejercitarla para así poder desarrollarnos como mejores personas.

Por qué escribo

Prócoro Hernández Oropeza

De pequeños solemos tener sueños, visiones de lo que queremos ser de grandes. Recuerdo que había dos ideas de lo que quería ser a futuro. Por un lado, una especie de científico y por otro, ser un escribidor, ya no escritor en toda la forma, pero si una persona que dominara el oficio de escribir. Hay otros que quieren ser bomberos, los más abogados o ingenieros, doctores y hasta filósofos o policías.

Por lo regular esos sueños, cuando se interiorizan a la larga cristalizan. La de ser científico se truncó pues no me llevé bien con las matemáticas, mucho menos con la química, física ni la biología. Recuerdo que de pequeño hurgaba en la cocina de mi madre sal, bicarbonato, harina y todo lo que se me pusiera enfrente y me pudiese servir para realizar un experimento. Poco duró el encanto o vino el disgusto por desconocer las fórmulas para realizar un invento.

Luego entró el apetito por escribir pensamientos, poemas, cosas que salín de la mente o de otras fuentes. Entonces pensé en ser escritor. Aunque la palabra escritor me quedaba grande, sólo pensé en ser un escribidor. Hay una diferencia entre uno y otro. Mario Vargas Llosa en su novela titulada: 'La tía Julia y el escribidor, maneja dos oficiantes de la escritura diametralmente opuestos: uno conoce la fama y la gloria, aunque sea temporal. Sus guiones para la radio son escuchados y seguidos con deleite por la mayoría de los oyentes del país; el otro vive un poco a la sombra del primero, de vez en cuando logra sacar de su vieja Olivetti un artículo para el periódico, algún que otro cuento, que no duda en destruir (decepcionado) al cabo de una semana.

El primero es el «escritor», la persona que disfruta de las mieles del triunfo. Se gana la vida con sus publicaciones. La inspiración acude abundante a su pluma. Todos y cada uno de los lectores admiten sin paliativos su talento. El segundo es el «escribidor». Sólo un reducido grupo de amigos conoce su afición a las letras. Está en lucha continua con las musas. Le da miedo y hasta vergüenza que los demás echen siquiera un vistazo a lo que él ha sido capaz de componer, muy a duras penas. Si que existe una gran diferencia y heme aquí intentando trascender ese papel de escribano o escribidor por el de escritor. Pero esto último ya no me preocupa. Escribo por placer y porque me da la gana, además porque es mi oficio. Escribo para convertirme en un mejor hombre, porque al externar lo que pienso y siento, me obliga a ser congruente con lo que exteriorizo.

Desde que escuché esta frase: Cuidado con lo que sale de tu boca porque con ello estás afectando al universo y éste ya no será el mismo ni antes ni después. Así es, con nuestras palabras, pensamientos y acciones estamos moldeando nuestro mundo interior y exterior. Somos creadores de todas nuestras realidades, positivas o negativas.

No escribo por encargo, ni porque me pagan, lo hago porque al escribir me comprometo con eso que sale de mi cabeza y se plasma en esta página. Henry David Thoreau (1817-1862) Escritor, poeta y pensador sostenía: “Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino”. Cuánta verdad existe en esta declaración de fe. Pensaba ser un escribidor y heme aquí haciendo lo que me gusta, sabiendo que el dominio de nuestro idioma, de nuestro lenguaje es un maravilloso don y una grata experiencia. No escribo para cambiar el mundo o la vida del otro, del lector, simplemente expreso lo que ha funcionado para mí. Es mi verdad y la comparto y si esa verdad le deja un veinte, me siento muy agradecido con el universo.

El poder de la fe

Prócoro Hernández Oropeza

Cuando charlo con algunas personas, en su mayoría se sienten pesimistas, agobiadas o estresadas por las circunstancias que se viven en estos momentos. Hay confusión, incredulidad en las instituciones de toda índole, en el gobierno, en la policía, en un mejor futuro. Una fuerte crisis de desconfianza y desesperanza en uno mismo y en la sociedad, en el planeta. Existe una ausencia de fe, la fe de contar con un mundo armónico, amoroso, pacífico y amable.

¿Qué es la fe? Fe significa certeza, confianza. Es creer en algo o alguien, a pesar de los múltiples vaivenes de la vida. Fe es la aceptación de un enunciado declarado por alguien con determinada autoridad, conocimiento o experiencia. La fe no sólo tiene un carácter religioso, también puede tener su cimiento en lo filosófico, en lo moral o en el plano político. Cuando tenemos fe en algo o en alguien, pero sobre todo en nosotros mismos, nada es imposible, todo puede ser transformado por nuestra voluntad. Para que suceda esto, nuestra voluntad debe estar en sintonía con la voluntad del universo o la voluntad de Dios, de la energía o del tao, el nombre no importa.

Cuando viajo al centro de la ciudad en auto, sabemos lo complicado que es encontrar un sitio para estacionarlo, por lo regular tengo fe que ya está ahí mi lugar. Al arribar casi siempre encuentro ese espacio. Decía un maestro: “La fe es apoderarse de las irrealidades de la esperanza y traerlas al reino de la realidad”. Es verdad, la fe tiene poder de cambiar las cosas. La fe tiene poder por sí misma y tiene que ser ejercitada. En la Biblia se hace referencia a una súplica de los apóstoles para que Jesús aumentara su fe. El gran Kabir les respondió: “Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a esta montaña: 'muévete y échate en el mar', y les obedecería”.

La gente parece estar cansada de tanta incertidumbre, demagogia, corrupción, mentiras y manipulaciones. Inclusive muchos ya no creen en los dioses de las religiones, de esos dioses que han inventado las religiones y que nada tienen que ver con el verdadero Dios Padre/Madre. Ese dios que no castiga ni manipula, ni hace juicios y mucho menos bendice a quienes hacen la guerra o trafican con la conciencia humana.

Cuando hay fe existe esperanza, una y otra van de la mano. La duda puede ser un estorbo para la fe y la esperanza. En la Biblia se afirma que debemos ejercitar nuestra fe porque realmente puede crecer (Lc. 17:5). También rescatamos estas dos frases: La fe se prolonga en la esperanza (Hch. 2:26-27; 2 Co. 1.24). La esperanza es la fe a largo plazo (Ro. 4:18; 2 Co. 5:7). O en Hebreos 11:1-3: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Aunque no veamos los resultados de inmediato, la fe, teniendo fe, podemos trascender los vendavales. Sin fe nos perderemos en la oscuridad de las angustias, en las tempestades de la ira y el resentimiento, en las lágrimas del sufrimiento y moriremos en los brazos de los múltiples egos, para quienes la fe es inútil.

Hay que confiar en que, a pesar de los obstáculos y adversidades de la vida, tú como creador puedes trascenderlos y mejorar tu situación. Tener fe es confiar en Dios, el universo, en la humanidad, en ti. Finalmente acepta que eres un creador y la realidad que vives ha sido tu creación. Si reconoces tu responsabilidad en tus creaciones puedes modificar los guiones de tu existencia y proyectar un nuevo mundo, crear el paraíso desde ahora. Sólo es cuestión de fe y esperanza y elegir aquellos caminos que vienen del corazón, del amor.

La música y la armonía interior

Prócoro Hernández Oropeza

La música ha acompañado al hombre posiblemente desde su llegada a este planeta. En todas las culturas ha florecido la música para alegrar, animar, recordar o festejar la vida o la muerte. La música es como un alimento para el espíritu y una razón de su existencia o la expresión de sus diversos estados de ánimo, de sus propósitos de vida y anhelo de felicidad y armonía.

Un maestro se preguntaba: ¿Qué es ese medio mágico que nos conmueve, nos hechiza, nos da energía y nos sana? En un instante la música es capaz de animarnos; nos despierta el espíritu de oración, de comprensión y amor. Nos despeja la mente y se sabe que nos hace más inteligentes. Esa es su verdadera esencia y origen. No obstante con el tiempo su uso se fue degenerando, conforme fuimos perdiendo conciencia, la música o parte de ella se dedicó a reflejar esos estados de amnesia, sufrimiento, tristeza, rencor, odio o celos. Se convirtió también en un instrumento de los agregados psicológicos y hoy día es la que predomina. Es la música que refleja esos estados emocionales inferiores del hombre y que habla de la melancolía, soledad, ira, desamor, celos, tristeza. Existe también la música que intenta revelar esos estados emocionales relacionados con el amor, pero una visión distorsionada del amor, del amor condicionado: te amo si me amas, te quiero si me haces feliz, si no me engañas. Y aparentemente produce felicidad, pero sólo son débiles reflejos de la real felicidad.

La verdadera música es capaz de llevarse nuestras tristezas en su ritmo y melodía. Evocar recuerdos de amantes perdidos o de amigos fallecidos. Incitar a los personajes que llevamos dentro; al niño a jugar, al monje a orar, a la vaquera a moverse al compás, al héroe a superar todos los obstáculos. Ayudar a los que han tenido una embolia cerebral a reencontrar el lenguaje y la expresión.

La música puede invadir y sensibilizar la psique humana ejerciendo una especie de secuestro del ánimo, con una fuerza de penetración y éxtasis, tal vez sólo comparable a la de los narcóticos o a la del trance referido por los chamanes, los místicos y los santos. La música puede transmutarnos, volvernos locos a la vez que puede curarnos. La importancia de la música en los estados de anormalidad del ánimo es un hecho reconocido incluso en el relato bíblico donde David toca para Saúl.

Así, en las edades, en la sucesión histórica, en el progresivo deterioro de las sociedades, en las épocas de fatiga y devastación, en los tiempos de asolamiento, de la caída de imperios y la irrupción de las hordas, cuando los tiempos amenazaban hacerse demasiado sonoros, allí irrumpía el genio, el músico que insertaba, contra el positivismo de orquesta y la obstinación de los compositores, recogimiento, silencio y secreto restaurando la armonía global.

La música es un espacio sagrado, es una catedral tan majestuosa que en ella podemos sentir la magnificencia del Universo, y es también una casucha tan sencilla que ninguno de nosotros puede conocer sus más profundos secretos. Es la música que vibra con la armonía del universo, con las estrellas, con los ritmos de Dios. Música que trasciende esos estados emocionales inferiores y nos lleva a conectarnos con nuestra divinidad interior, con esa armonía y belleza que radica en nuestro interior.

Sólo los grandes genios que se conectan con esa luz interior, con esa belleza pueden reflejar esa vibración armónica. Genios como Beethoven, Wagner, Chopin, Mozart, por citar algunos, sobreviven a través de sus grandes piezas musicales. Y viven porque reflejan el aliento primordial de la creación, la voz de los ángeles y átomos; en último término, la materia de la que están hechos la vida y los sueños, las almas y las estrellas.

Como lo expresa Corine Heline: La misión más elevada de la música es la de servir como lazo entre Dios y los hombres. Tiende un puente sobre el cual las huestes angélicas pueden acercarse más a la humanidad. Si deseas conectarte con esos ritmos de Dios, las estrellas, los ángeles, busca esa música que vibra en ese ritmo y aléjate de la música que se identifica con tus egos.

11-11-11, los portales de la ilusión

Prócoro Hernández Oropeza

A propósito del 11-11-11 se han generado varias interpretaciones. Algunas de carácter apocalíptico y otras optimistas. Las apocalípticas nuevamente ven en esa interesante fecha la destrucción del planeta o acontecimientos terribles y ominosos. Sus contrarios lo ven como la apertura de portales cósmicos para el ingreso a una nueva conciencia planetaria, el cambio de vibración de la tierra para entrar a una nueva dimensión, la quinta o bien el contacto con otras humanidades solares o seres dimensionales.

No es la primera vez que se especula este tipo de fenómenos, producto del miedo, de la ignorancia o de un anhelo sincero, pero equivocado, de aquellos que desean trascender o salir de este valle de lágrimas, de este mundo ilusorio mediante vías rápidas y externas. Es verdad, muchos grupos espirituales y seudo espirituales buscan afanosamente encontrar un camino para retornar al origen, al hogar o la fuente de donde salimos hace mucho tiempo. Y unos quisieran encontrar el camino más corto o rápido para salir del mundo del Samsara o del eterno retorno a este planeta. Algunos inspirados por viejas profecías, otros por supuestas canalizaciones de sus maestros intergalácticos o seres de luz de otras dimensiones.

Para estos últimos, este 11 de noviembre se abrirá un nuevo portal dimensional, mediante el cual entrará una nueva energía vibracional y podrá elevar el nivel de conciencia de la humanidad. Pero, ojo, afirman que no todos podrán acceder a ella, sólo aquellos que han desarrollado un trabajo espiritual. Para otros simplemente es el preámbulo para un gran cambio que ocurrirá en diciembre de 2012, sobre todo para quienes se basan en las profecías mayas.

Acerca de los portales dimensionales, es probable existan y que algunas personas tengan el poder o don de atravesarlos y contactarse con seres de otras dimensiones. De hecho nosotros poseemos siete cuerpos y estos se corresponden con esas dimensiones. Por ejemplo, cuando dormimos y soñamos, de hecho esos sueños se realizan en la dimensión astral, con nuestro cuerpo astral. Somos seres dimensionales y esas dimensiones están en nuestro interior. El alma es otro cuerpo que vive en esas dimensiones sutiles, lo mismo que el cuerpo mental o el de la voluntad. Somos seres dimensionales, ni duda cabe.

Y es verdad también que existen seres en otras galaxias, posiblemente con mayor nivel de conciencia y mejor tecnología, con la cual pueden viajar de una dimensión a otra. Existen muchas historias de personas contactadas por esos seres. Como también se sabe de personas que pueden comunicarse con grandes maestros o avatares como Jesús, Budha, Krhisna, con arcángeles y ángeles o vírgenes. Ellos siguen vivos en esas dimensiones sutiles y algunos pueden conectarse con ellos.

Me imagino que muchos anhelamos el retorno a casa, al gran espíritu, al gran Padre/Madre, pero ese retorno sólo será posible de manera individual. No exclusivamente con la ayuda de seres o energías dimensionales. Los maestros están al pendiente de nuestro desarrollo espiritual y desean que despertemos y retornemos, pero la decisión será de nosotros. Para ello debemos hacer esfuerzos constantes de auto observación y transformación interior, conectarnos con las virtudes, con la energía del amor, con la conciencia del amor puro. Convertirnos en verdaderos guerreros de luz acechando los demonios o agregados psicológicos que controlan nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad y eliminarlos. Yendo a la cruz todos los días para renacer como el ave fénix, con más dulzura, mayor conciencia, expresando solamente la belleza del amor.

Se podrán abrir mil portales, mil puertas pero la más importante es la del amor, la de la compasión, el perdón y la dulzura.

La conciencia de amor puro

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

Nuestro centro intelectual, donde se generan miles de pensamientos por segundo, es tan dominante y nos roba mucha energía, sobre todo cuando nos agobia un problema, un resentimiento o un programa mental. Este es uno de tantos cuentos anónimos que nos hacen reflexionar sobre este tipo de actitud mental. Se cuenta que dos monjes, que vivían como ermitaños en templos construidos entre las rocas de escarpadas montañas, un día bajaron a realizar compras a un poblado cercano. Ellos, como los de su comunidad, vivían alejados de cualquier bullicio mundanal, dedicados solamente a la meditación y oración y tenían prohibido, entre otras cosas, tocar a las mujeres para evitar caer en tentación.

Estos dos monjes, cuando retornaban de sus compras debían cruzar un acaudalado río. En la orilla se encontraba una dama que tenía miedo a atravesarlo. El monje de mayor edad se prestó a auxiliarle y la montó sobre sus espaladas. El acompañante monje, más joven, le replicó, recordándole que tenían prohibido tocar a una mujer. El monje mayor hizo caso omiso y le ayudó a cruzar el río. Después que la dejó el joven increpó nuevamente a su compañero diciéndole que había cometido un sacrilegio. El monje mayor sólo guardó silencio. Más adelante lo siguió cuestionando, a lo que el monje mayor replicó: “Yo dejé a esa mujer al otro lado del río y no me arrepiento de haberle ayudado. Mayor pecado habría sido dejarle a su suerte. Además yo la dejé allá, pero tú la sigues cargando en tu mente.

Cuánta verdad nos aporta este tipo de cuentos. Cuando la mente es pura, dulce, amorosa y gentil nada puede afectarle. Pero cuando esa mente está intoxicada por el odio, el rencor, el miedo, la lujuria o el orgullo, los programas, todo puede pasar, menos expresar amor. Cuántas veces, por esos programas intoxicados de la mente se realizan acciones funestas o desagradables o se dejan de hacer. Se sabe de algunas sectas religiosas que por su religión tienen prohibido llevar a sus enfermos con un doctor. Confían tanto en su Dios que dejan a su suerte al enfermo y muchas veces muere por falta de atención médica.

Al respecto me viene a mente otra historia de un discípulo que iba a visitar un lugar sagrado. Como a su paso quedaba el templo de un antiguo maestro decidió visitarle. Se bajó del camello y entró al templo presuroso. El maestro le saludó y le preguntó acerca de su desarrollo interior. El alumno le contestó que tanta fe tenía en Dios que hasta había dejado el camello sin atarle. El maestro le contestó: “Cómo serás tarado. Ve a atar el camello que Dios no se ocupa de esas nimiedades”.

Cuando el amor es puro significa que no está contaminado por esas expresiones intoxicadas de la mente del ego. Sólo se expresa la dulzura, la armonía, la belleza, la gentileza, la compasión, el sentido de unidad, el perdón. La conciencia del amor puro es la expresión del real Ser, es entusiasmo, estar endiosado, ser como Dios es. Entusiasmo viene de la palabra Entheos, del griego que significa en Dios, endiosado, estar en Dios. Es la conexión con tu Dios interno, con tu fuente divina y cuando estás conectado con ella sólo expresas esa luz, esa energía pura del amor.

La conciencia del amor puro sólo es fiel a su voz interior y se expresa en cada momento con sabiduría y claridad, en armonía y suavidad, transparente como el viento y delicado y bello como el pétalo de una flor.

Bullyng, el ego tirano

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

¿Sabe que es el Bullyng o acoso escolar? Recuerdo que en la secundaria había un compañero que, por no sé cuáles oscuras intenciones, siempre me agredía. Y aunque trataba de evadirlo, cada vez que lo topaba me provocaba a golpes. Cierto día nos encontramos afuera de la escuela y como siempre volvió a agredirme. No tuve más remedio que contestar a sus insultos y golpes. Durante más de media hora sostuvimos una pelea, sin que nadie venciera, pero siempre logré aplicarle varias trompadas. Enfrentarlo fue la única forma de obligarlo a que dejara de agredirme.

En el salón había otro chico, de esos rebeldes que nunca dejan de molestar. El maestro de geografía ponía mucho énfasis en que conociéramos cómo estaba conformado geográficamente nuestro planeta, mientras éste sólo tenía ganas de molestar. Con las hojas de su cuaderno hacía unas bolas y me las aventaba. Las lanzaba cuando el maestro estaba de espaldas. Le soporté los dos primeros golpes, pero el tercero me encolerizó, cogí una de esas bolas y se la aventé. El maestro me cachó y ya sabrán, no sólo me sacaron del salón. Afuera me encontró el inspector, este me llevó con el director y sin escuchar mi defensa, me expulsó tres días y no entraría si no llevaba a mi padre.

Al arribar a la prepa, los novicios éramos objeto de varias atrocidades por los estudiantes de grados avanzados. Para empezar, cada vez que querían nos pasaban a la báscula o nos obligaban a pagarles las tortas. Pero lo que más no asustaba era que nos cogieran de los cabellos y nos raparan. Así que cada vez que salíamos a descanso nos escondíamos donde podíamos para que no nos tocaran. Para evitar esos desencuentros preferí ir personalmente con el peluquero a que me rapara. Lo más insultante fue cuando nos sacaron a marchar por el centro de la ciudad, sin camisa y con los pantalones arremangados; a algunos les pusieron chapopote y plumas en la cabeza.

Estas eran sólo algunas formas de acoso escolar, conocido como Bullyng en inglés. Precisamente es tema se ha convertido en una verdadera preocupación para las autoridades educativas. Esto ha obligado a que en varios estados se implementen programas para disminuir su impacto entre los alumnos y en Sonora han expulsado a una trío de chicos por manifestar ese comportamiento.

El acoso, también conocido como hostigamiento escolar o maltrato psicológico, verbal o físico producido por escolares no es nuevo. Incluso se ha magnificado en multiplicidad de filmes de procedencia norteamericana. Ahí se retrata con crudeza, no sólo en los niveles de primaria y secundaria, hasta en el bachiller, ese tipo de comportamiento.

Según los estudiosos el acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar. Una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros. Esto se manifiesta en reiteradas ocasiones con el objetivo de conseguir la intimidación de la víctima.

A menudo el acosador o acosadores encuentran en la violencia una forma de canalizarse socialmente, destruyendo al que no es seguidor, al que se resiste, al diferente, al que sobresale académicamente, al imbuido de férreos principios morales, etc. El acosador busca obtener el reconocimiento y la atención de los demás, de los que carece, llegando a aprender un modelo de relación basado en la exclusión y el menosprecio de otros. Intenta ser percibido como poderoso, sobre todo, por quienes presencian el doblegamiento de la víctima. La causa es la probable existencia de una educación familiar permisiva o de una baja autoestima o un umbral de frustración muy alto. Su ego se magnifica a costa de los demás.

Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano. Es el ego tirano, una manifestación de dos egos, el del orgullo, un orgullo lastimado que le produce baja estima, combinado con el ego de la ira, el resentimiento. Al descargar en su víctima esas frustraciones puede ocasionar mucho daño psicológico, e incluso el suicidio. Desafortunadamente los psicólogos o terapeutas sólo tratan los efectos no las causas. Es decir esas conductas externas de violencia, más no las causas, la eliminación de esos tiranos que lleva dentro. Si su hijo (a) sufre acoso, lo mejor es denunciarlo en sus planteles y brindarle apoyo.

La mente infectada por la guerra

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

Este fin de semana promovimos y festejamos, como Centro Multicultural Inkarri, el Día Mundial de la Paz Interior, con un programa de actividades culturales y filosóficas, meditaciones, conferencias, poesía y música. El objetivo fue reflexionar acerca de la paz, tanto interior como exterior, partiendo de que la primera es la condición para la externa.

A pesar de los grandes adelantos tecnológicos y científicos, la humanidad sigue enfrentada en continuas guerras y desavenencias inter raciales, regionales y persiste el peligro de una guerra mayor. Y la guerra, se ha visto, sólo genera dolor y sufrimiento, producto de la avaricia, el orgullo o la ira. Desafortunadamente el hombre no ha entendido o no ha querido entender que la guerra externa es el resultado de la guerra interna que hay en nosotros y mientras no seamos conscientes de ello, seguiremos generando conflictos en nuestra familia, con nuestros vecinos, con nuestros hermanos.

Como parte de este programa Juan Ruiz, Director Internacional de Inkarri, dictó una magistral conferencia sobre esta temática y de la cual rescato una síntesis de sus principales argumentos, que me parecen muy valiosos. Para Juan Ruiz, la guerra no nace fuera del hombre sino del hombre mismo, no importa si se llama guerra santa, económica, invasión, conquista, es guerra. Y a pesar de que en diversos foros se habla de la paz, se celebra la paz, sin embargo en el planeta hay muchos conflictos, muchos puntos en litigio, hay guerra y existe el peligro de una guerra mayor.

Paz es en lo último en que piensan los dirigentes africanos, coreanos, israelitas, palestinos, coreanos, chinos, comunistas, capitalistas. Pero paz es lo que Dios trae a la tierra. Para ello la fuente de la guerra debe cesar y desaparecer del inconsciente colectivo. Pero la guerra ya está proyectada en el inconsciente colectivo. La mayor infección del planeta no es el anídrido de carbón emitido en la atmósfera, es la guerra, la militarización de la mente colectiva y de la mente individual. Ese es el problema.

En todo el planeta el problema es el mismo, la misma depresión, la misma irritación, el egoísmo, la agresividad, el juicio, etc. están presentes en todo ser humano. Es un software espiritual instalado en el disco duro de toda la sociedad. ¿Quién es el creador de ese software espiritual instalado en toda la sociedad. ¿Quién es el creador de ese software del ego en la psique humana? Debe haber algún creador. Pero por lo pronto lo que nos toca descubrir es que ese software está activo y es autónomo dentro de nosotros. No es parte de la naturaleza humana, es algo añadido en nuestra estructura, en nuestra alma.

Por tanto, el mal del mundo se encuentra en el interior humano. No obstante, la fuente de la paz existe, aunque por ahora acallada por lo estruendos del ego. Paz, Afirma Juan Ruiz, es la emanación del amor que busca la armonía y la equidad y esto es una fuerza cósmica universal intentando expresarse, no discretamente, sino internamente, desde lo más profundo de nuestro corazón, con ese sentimiento que todos queremos de ir hacia la felicidad. Paz es traer a esta realidad esa mente universal, que es pacífica por naturaleza. Paz es la quietud del corazón que sólo escucha a su señor interior. Paz es entender al hermano antes de decidir atacarlo.

Decir que se comprende la paz no basta, hay que vivirla. Para vivirla hay que conectarse con la fuente de amor y el perdón. Hay que irse en contra del “amado Yo”, de esas mentiras, ilusiones, de las agresiones del Yo.

Dios es la paz, el ego es la fuente del conflicto. En medio de la discordia, sea mundial, nacional, familiar hay que elegir la paz. Hay que expresar al amor, intensificar el amor, Hay que amar y amar más, no cansarnos de amar, insistió Juan Ruiz. El amor está contenido en nosotros, y si no expresamos el amor vamos a expresar al ego y con ello exponernos a las enfermedades que se originan desde la expresión del ego. La enfermedad es la ausencia o falta de expresión de Dios en cada uno de nosotros. Por ello, el único camino es elegir la paz interna, el amor, ser como Dios es.

Alí, viva el amor

Prócoro Hernández Oropeza

En tiempos de crisis, desconcierto, angustias y dramas hay dos alternativas que el ser humano puede adoptar. Una, cohibirse y dejarse llevar por los hilos de la historia siendo un pasivo y adormecido espectador. Dos, convirtiéndose en un activo e inteligente observador de la vida, cambiando estrategias, revolucionando la cotidianeidad o realizando hazañas prodigiosas para salir de ese péndulo mecanicista de la vida.

Los poetas son, sin duda, unos transgresores maravillosos de esa mecanicidad, del lenguaje mecánico y carente de sentido. Mediante el uso de la metáfora pueden cambiar de lugar la tarde o pintar con los dedos de un ángel el universo de unos ojos transparentes. Con el simple uso del lenguaje el poeta nos recrea una noche que se escapa por la ventana o que espía por una rendija o baila con su capa de estrellas ante un sol que se le postra.

Poetas como Alí Chumacero, que esta semanas cumplió su primer año de destierro voluntario en el alejado y frío Hades. No tengo idea de cómo se viva allá, pero imagino que allá también habrá poetas y tertulias e intentarán moldear un mejor futuro como lo hicieron en vida aquí. Porque los poetas, mediante sus creaciones literarias, nos han intentado decir cómo vivir la vida a plenitud, sin odios, sin rencor ni remordimientos. O reconocer que somos incompletos, necios y testarudos, pero conscientes de ello y con la posibilidad de cambiar algún día.

Así que va un homenaje desde esta columna a quien fuera considerado un ser humano sin poses de literato y una de las pocas voces limpias de México en las últimas décadas: Alí Chumacero. También fue reconocido por Octavio Paz como “el mago y maestro de los poetas de México. Para recordad esa genialidad del poeta va este poema:

Amor es mar

Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía

sino un duro sabor de lenta consunción

y un saberse dolor desamparado,

casi ceniza de tinieblas;

llega tu voz a destrozar la noche

y asciendes por mi cuerpo

como el cálido pulso hacia el latir postrero

de quien a solas sabe

que un abismo de duelo lo sostiene.

Nada había sin ti,

ni un sueño transformado en vida,

ni la certeza que nos precipita

hasta el total saberse consumido;

sólo un pavor entre mi noche

levantando su voz de precipicio;

era una sombra que se destrozaba,

incierta en húmedas tinieblas

y engañosas palabras destruidas,

trocadas en blasfemias que a los ojos

ni luz ni sombra daban:

era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,

y la luz es de nuevo

ascendiendo hacia el aire

la tersa calidez de sus alientos

lentamente erigidos;

brotan de fuerza y cólera

y de un aroma suave como espuma,

tal un leve recuerdo

que de pronto se hiciera un muro de dureza

o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma

ni es un círculo en paz con su tristeza,

sino un pequeño fuego,

el grito que florece en medio de los labios

y torna a ser el fin

un sencillo reflejo de tu cuerpo,

el cristal que a tu imagen desafía,

el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada

en la dolida playa de mi cuerpo;

olas que en mí desnúdanse como alas,

hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,

cuando al sentirme junto a tu desnudo

se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura

hay un mundo de luz amanecido.

En ocasiones, la eternidad o la fuerza de un poema puede radicar en un solo verso, como éste último. “Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura hay un mundo de luz amanecido”. Y en realidad nosotros somos eso, un mar de sombras que gobiernan nuestra psique, todos los múltiples Yoes que gobiernan nuestra mente. Pero como dice el poeta, entre esa sal oscura hay un mundo de luz amanecido. Ese mundo de luz es nuestro sol interior, nuestro espíritu que lucha por brillar, por salir de esa bruma en la que lo tienen atrapados los egos.

Las manifestaciones desagradables

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

Para muchos este mundo es un valle de lágrimas, un infierno, la mala fortuna, un desacierto del destino, una calamidad o un castigo divino, o simplemente la mala suerte. Todo lo reducen a la buena o mala suerte: la riqueza o la pobreza, la enfermedad y la salud, la felicidad o la tristeza, el éxito o el fracaso. Cuando nos programan a ver el mundo de esta forma, nuestras reacciones, nuestra voluntad y mentalidad se corresponden a esos conceptos y en base a ellos actuamos. De esa visión dependerá nuestro éxito o fracaso.

Quienes logran salir de ese concierto de dualidades pueden observar su vida desde otra perspectiva y saben que no están sujetos al azar o la buena suerte, sino a su habilidad para sortear las adversidades que se le presentan en su diario vivir. Esas situaciones desagradables las ven con agrado y aprenden de ellas. Las observan como oportunidades para avanzar en su camino, para aprender lecciones. Si alguien las ofende, le agreden, le mienten o le son infieles, sabe que esa parte oscura que ve en el otro es sólo un reflejo de su personalidad.

Cuando trasciendes la dualidad simplemente asumes la responsabilidad por tus creaciones. Sabes que un fracaso, un engaño, una traición es una respuesta a una situación que provocaste en algún momento de tu vida. Pero como estamos tan programados, tan dormidos, pensamos que el causante de nuestras tragedias es el destino, las personas o el mundo que nos rodea. Y como no aceptamos nuestra responsabilidad por esas creaciones sufrimos y nos deprimimos, nos estresamos y vivimos en infelicidad.

Debemos aprender a recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes, pero una condición para aceptar con agrado esas manifestaciones desagradables de tus semejantes tienes que aceptar tus propias manifestaciones desagradables. Ellas forman parte de nuestra personalidad, interiormente las cargamos y las proyectamos sobre los demás. Y cuando conocemos nuestras propias manifestaciones desagradables aprendemos a tolerar las manifestaciones desagradables del prójimo.

Si tenemos ira, si nos hemos hecho conscientes de que somos berrinchudos, geniosos, enojones, iracundos, furiosos, si estamos bien conscientes de ello, dispensaremos esos mismos errores en los demás y como consecuencia nos relacionaremos mejor con el prójimo. Si estamos llenos de envidia y reconocemos que la tenemos en el lado oculto de nuestra luna psicológica, nuestra personalidad, aprenderemos a perdonar las manifestaciones desagradables de la envidia, tal como existen en otras personas.

Si somos sinceros y miramos hacia adentro, auto-explorándonos, iluminamos esa parte oculta de nuestra propia psiquis, esa parte que no se ve y veremos que los defectos que a otros criticamos los tenemos muy dentro en sí mismos. Cuando eso sea dejaremos de criticar. La censura, la crítica, se debe precisamente a la falta de comprensión. ¿Qué censuramos en otros, qué criticamos a otros? Nuestros propios defectos, eso es lo que estamos criticando, y los proyectamos en los otros. Y la única forma de trascender esa dualidad es siendo conscientes de ello, que dentro de nuestra psique, alma, en su parte oscura, se encuentran esos defectos psicológicos que nos obligan a enjuiciar, odiar, cometer lujuria, infidelidad, deshonestidad, recriminar y hasta agredir o asesinar.

Para ello necesitamos negarnos a sí mismos. Aprender a recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes. Negar significa reconocer esa parte oscura de nuestra psique y eliminarla con la luz de la conciencia. Entender que los errores que en otros vemos los cargamos en nuestro interior. Entender que en tanto nosotros no conozcamos ese lado oculto de sí mismos, estaremos mal relacionados con el prójimo. Así que necesitamos aprender a relacionarnos mejor consigo mismos para poder relacionarnos mejor con los demás.

Auto-observarse psicológicamente en forma incesante y antes de censurar a otros censurarnos a nosotros mismos. Y antes de ser violentos con otros, auto-explorarnos para conocer nuestra propia violencia, la violencia íntima, aunque la rechacemos y pensemos que no la cargamos. Recuerda: como es adentro es afuera y si reconocemos eso, lo único que nos queda es reírnos de nuestras propias creaciones.

Avaricia e indignación: Indignados

Prócoro Hernández Oropeza

La riqueza, según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), se concentra en el 2 por ciento de los más ricos. Ellos poseen la mitad de la riqueza del mundo. Esta gran concentración mantiene a la gran mayoría de la humanidad sumida en la pobreza o sobreviviendo al día. Más aún los constantes reflujos de la economía están provocando desempleo, recorte en gastos sociales como vivienda, educación y seguridad social. Ante este panorama miles de ciudadanos, sobre todo las nuevas generaciones, ven un futuro sombrío y desolador.

Es por ello que ha surgido en el mundo, originariamente en España, un movimiento que se ha autodenominado “Los Indignados”. Indignados porque no encuentran empleo, no tienen acceso a la educación y mucho menos perspectivas de insertarse favorablemente en el mercado laboral. El socialismo como alternativa para desaparecer las desigualdades sociales y crear un paraíso idílico se desmoronó como hielo. Las grandes utopías no existen por ahora, sólo miedo y desencanto en las nuevas generaciones.

La indignación es sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial, esto dice lo estipula el Diccionario Manual de la Lengua Española. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos. Esa indignación tiende a crecer y a globalizarse, tal como se globalizan las crisis económicas y afectan a todo mundo. Si Grecia tiene problemas financieros, eso repercute en los mercados internacionales, como sucede ahora.

En contraparte la avaricia es la inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. Es uno de los pecados capitales que está prohibido por el noveno y décimo mandamiento en la Biblia Católica. Y pese a ello, la riqueza se sigue concentrando en pocas manos, abriendo criminalmente esa brecha entre pobres y ricos. La avaricia viene del deseo de acumular riqueza indiscriminadamente. Es un ego que está presente en todos los seres, pero en algunos éste se proyecta con mayor dinamismo.

En su deseo por acumular más y más riqueza, poco les importa pisotear a sus empleados, explotarlos hasta que ya no les sirva, disimular el pago de impuestos o de plano evadirlos, comprar voluntades para acrecentar su poderío económico, sobre explotar los recursos naturales, etc.. A los gobiernos poco les importa frenar esos apetitos desmedidos del ego de la riqueza. De hecho, el poder financiero muchas veces está por encima de los sistemas políticos y sus gobiernos. El poderío de las grandes corporaciones impone su voluntad y designios en muchos casos, sobre todo en el plano financiero, económico y militar.

Lo que está provocando esta avaricia es la ira, son los indignados porque se sienten excluidos, olvidados, sin esperanza. Esta tendencia, que es también un ego y un sentimiento de vida, puede llegar a prender en las multitudes y generar problemas o enfrentamientos a mediano plazo. Parte de las revoluciones o revueltas internas son provocadas por situaciones de la misma naturaleza. Pero a pesar de que han logrado desbaratar una tiranía, al final los rebeldes, cuando llegan al poder, se convierten en hombres más despiadados o despóticos como los Castro en Cuba.

Esto sucede porque nuestra sociedad requiere de un cambio de consciencia, una revolución de la consciencia que debe empezar en cada individuo. Una revolución que ayude a eliminar tanto ego, tanta maldad que habita en nuestra psique. Y como decía Budha, el deseo es el origen del sufrimiento, entonces lo que debemos eliminar es ese deseo de poder, de riqueza, de control. Es el deseo de los egos que desean seguir manipulando nuestra mente, nuestra voluntad. Esos son los egos que controlan el mundo y se proyectan en los líderes, gobernantes y grandes acaudalados.

La avaricia es indudablemente uno de los defectos del hombre que produce una gran desigualdad social, económica y política en el mundo. Hambre, desempleo, criminalidad, drogadicción, corrupción y descomposición social y moral son sólo algunas muestras provocadas por este pecado capital. En parte también es la causante de guerras y desavenencias políticas y económicas entre las naciones, así como entre los hombres.

Epitafio: Va un adiós y un abrazo postmortem al gran maestro y periodista Miguel Ángel Granados Chapa, ejemplo de honestidad e integridad a raudales.

Aprender del pasado

Prócoro Hernández Oropeza

Gracias a las características geográficas de la bahía y, muchos lo afirman con contundencia, debido a que estamos bien bendecidos y protegidos por Dios, es casi imposible entre un huracán a esta ciudad. Y cada vez que se anuncia la cercanía de alguno, por lo regular solemos hacer caso omiso de las recomendaciones para tales eventos. Y es que en los últimos años, cuando menos en los 23 que llevo de radicar aquí, sólo hemos presenciado los estragos del Kenna. De eso hace casi diez años, el 24 de octubre de 2002.

En esta ocasión se volvió a formar un huracán, el Jova, en cuya trayectoria se perfilaba pasar muy cerca de la bahía. De hecho estábamos en su rango de afectación y era probable que se generasen estragos como lluvias, fuertes vientos y oleajes. Por fortuna ni vientos, ni mucha lluvia, oleajes moderados y mucha calma, sólo lloviznas ligeras, nada que lamentar.

Ante la posible gravedad del meteoro, algunas familias tomaron las precauciones recomendadas, las clases se suspendieron e inclusive algunos negocios y oficinas cerraron cuando menos un día. Pocos se dispusieron a colocar cintas en los vidrios de las ventanas o proveerse de alimentos que no requiriesen refrigeración.

Así como este huracán, muchos se han asomado por esta región y como ya lo comenté arriba, sólo sustos ligeros, por ello muchos no creen que nos pegue un huracán. Sin embargo, ello no nos libera de uno. Doña Catalina Montes de Oca Aguilar nos refiere en su autobiografía que un día 24 de octubre de 1925, siendo su esposo J. Roberto Contreras, Presidente Municipal, ocurrió algo inesperado.

Doña Catalina refiere que ese día amaneció nublado y triste, su cielo gris dejaba caer una persistente lluvia y, no obstante esto, un grupo de familias llenas de optimismo e invitadas por don Alfonso Bernal, salieron a caballo a pasar un día de campo a un rancho cercano llamado El Coapinole, Iban a celebrar el cumpleaños del señor Bernal. La lluvia siguió en el transcurso del día, azotando con más intensidad hasta llegar la tarde.

Por la noche, debido a que se oían unos ruidos extraños, las gallinas en el corral cacaraqueaban, las vacas mugían como si algo también presintieran, ella también presintió que iba a llegar un ciclón. Su marido no le creyó de momento. Él sólo le contestó: "tranquilízate y acuéstate, tú qué sabes de ciclones ¿cuándo has visto alguno?".

Más tarde el viento empezó a silbar con fuerza, su casa se estremecía y las tejas empezaron a volar. Pronto su recámara se inundó, tan solo un rincón quedó seco y ahí, abrazada a sus cuatro hijos se resguardaron. No recuerda el tiempo de duración, pero para ella fue una eternidad. Entre los estragos del huracán, refiere que el arroyo se desbordó, seguramente el río Cuale, los cerros, antes tan tupidos de palmeras, se veían despojados, las casas destejadas; algunas chozas derribadas. “Las chozas que estaban en la playa cerca de la desembocadura del río Cuale fueron las más afectadas. Sus pobres moradores sufrieron lo indecible al verse despojados de ellas. Pero estos hombres, en su mayoría pescadores, recios de espíritu y de gran valor, supieron afrontar la situación. Provistos de gruesos calabrotes que utilizan para amarres de sus barcas, tendieron un vallado, amarrándolas a las palmeras, donde después fue el paseo Ocampo y allí, protegiendo a sus familias, se asieron a las cuerdas con todas sus fuerzas, soportando el vendaval; así fue cómo salvaron sus vidas y la de los suyos, con ese valor tan propio de los hombres de mar que no se amedrentan ante el peligro”.

La única forma de comunicarse con el exterior era el telégrafo, pero se vio afectado y por tanto quedaron incomunicados. Por suerte llegó un barco, “El Bolívar” y gracias a ello pudieron establecer comunicación con el entonces gobernador, don José Guadalupe Zuno.

Estos recuerdos nos revelan que no estamos exentos de que algún día pegue de lleno un huracán. Damos gracias a los dioses de la lluvia, a los elementales del agua, a las montañas que nos protegen porque este huracán nos dejó tranquilos, sin nada que lamentar, pero no nos debemos confiar.

La leyenda de Ícaro

Prócoro Hernández Oropeza

Muchas leyendas y mitos poseen gran significado y por lo tanto es la manifestación de una sabiduría oculta que va más allá de lo que nos expresan literalmente. Más que una historia que refiere acontecimientos históricos inverosímiles a fin de explicar el mundo que nos rodea, los Mitos son auténticos mensajes codificados desde la conciencia. En todas las épocas y en todas partes del mundo y bajo todas las circunstancias, han florecido los mitos del hombre y han sido inspiración viviente de todo lo demás que han resultado del cuerpo y la mente, estima Joseph Campbell.

En todas las culturas han florecido mitos y leyendas que nos sirven de referencia para comprender nuestro pasado, pero también para entender el presente. El caso de Ícaro en la mitología griega es muy ilustrativo al respecto. Ícaro es hijo de Dédalo, genio de la antigüedad que le mostró a Ariadna cómo Teseo podía encontrar el camino en el laberinto de Minos, donde se encontraba el Minotauro (monstruo con cuerpo de toro y cabeza de hombre). Con esta ayuda Teseo fue capaz de matar al Minotauro, por lo que el rey Minos y padre del monstruo, muy molesto encerró a Dédalo con su hijo en el laberinto.

Con la intención de huir, Dédalo fabricó unas alas para él y su hijo. Las adhirió con cera a los hombros de Ícaro y luego en los suyos e iniciaron el vuelo que los llevaría a la libertad. El padre habría advertido a su joven e imprudente hijo que no volara demasiado alto ni demasiado bajo.

Pese a las advertencias de su padre Ícaro, fascinado por lo maravilloso del vuelo se elevó por los aires desobedeciendo a Dédalo. Además, Ícaro se sintió dueño del mundo y quiso ir más alto todavía. Se acercó demasiado al sol, y el calor derritió la cera que sostenía sus alas, por lo que las perdió. El temerario joven acabó precipitándose en el mar, donde murió. Por eso, desde entonces ese mar se conoció como El Mar de Icaria.

Cuántos hombres o mujeres se sienten fascinados por el poder que adquieren, sea porque dirigen una empresa o gobiernan un país y llegan a perder piso, caen en la fascinación de un poder ilusorio. Es la soberbia, el ego del orgullo lo que los deslumbra y los obliga a realizar acciones que atentan contra su dignidad o su vida. O lo que es más también afectan con sus palabras acciones o decisiones a quienes dependen de ellos.

Pero como todo lo que sube baja, esas acciones tarde o temprano se pagan como Ícaro que pagó muy cara su osadía. O aquel que va a los casinos y empieza a apostar; tal vez tenga suerte y empiece a ganar en sus primeros juegos. Muchos casinos, cuando detectan que alguien es una mina de oro, le dan anzuelos y le hacen ver que viene de suerte. Luego, como Ícaro se pica y empieza a apostar cantidades más grandes y al final, su propio ego de la avaricia lo mata.

Ícaro es el reflejo de cómo el ego, sea del orgullo o soberbia o la avaricia lo ciegan, de tal suerte que llegan a sentirse amos y señores del mundo y al menor descuido se derriten esas alas del ego y mueren o caen presa de esas ilusiones. Es también el ego de la imprudencia, pero también de la desobediencia, desobediencia al ser, al padre, a su corazón.

Ariadna y el Minotauro

Prócoro Hernández

Ariadna y el Minotauro es otra bella historia griega contada a través del mito. Como otros mitos, éste nos vuelve a remitir a la liberación de nuestra Psique, nuestra alma, indudablemente de aquellos monstruos que habitan en esos laberintos, en esos cuarenta y nueve niveles donde residen miles de agregados psicológicos, unos tan monstruosos o temibles como el Minotauro.

Según el mito, el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Su nombre significa "Toro de Minos", y fue concebido de la unión entre Pasífae y un magnífico toro con motivo de una afrenta divina que Minos le cometió a Poseidón. Tal engendro fue encerrado en un laberinto diseñado por el artesano Dédalo, hecho expresamente para retenerlo.

Debido a que uno de los hijos de Minos, Androgeo, fue asesinado en Atenas después de una competición olímpica donde quedó campeón, el rey les impuso un castigo. Cada año los atenienses debían entregar a siete jóvenes y siete doncellas como sacrificio para el Minotauro. Por muchos años, hombres y mujeres eran llevados al laberinto como sacrificio para ser el alimento de la bestia.

Años después de impuesto el castigo Teseo, hijo de Egeo, se dispuso a matar al Minotauro y así liberar a su patria de Minos y su condena. Se dispuso formarte del grupo a sacrificarse para el Minotauro. Al llegar a Creta, los jóvenes fueron presentados a Minos. Teseo conoció entonces a Ariadna, hija del rey, quien se enamoró de él. La princesa rogó a Teseo que se abstuviera de luchar con el Minotauro, pues eso le llevaría a una muerte segura. Teseo la convenció de que él podía vencerlo. Ariadna, viendo la valentía del joven, se dispuso a ayudarlo, e ideó un plan para que Teseo encontrara la salida del laberinto en caso de que derrotara a la bestia. Al final se sabe que logó matar al monstruo y de paso liberó a Ariadna y a su hermana Fedra.

En el plano psicológico volvemos a descubrir esa lucha eterna entre nuestros monstruos o pecados capitales o egos y el alma, que lucha por liberarse. Esos laberintos son los cuarenta y nueve niveles del subconsciente donde radican esos monstruos como el Minotauro. Perseo es el Ser, el espíritu que desciende a esos mundos inferiores para liberar a Ariadna, el alma. El Minotauro es un defecto psicológico, producto de la desobediencia a una divinidad. Minos promete sacrificar un hermoso toro blanco a Poseidón y en vez de ello sacrifica otro distinto. La desobediencia, el apego, el deseo son los que crean este monstruo que ahora exige sacrificios para vivir. Así es, los egos, como el Minotauro, exigen sacrificios para que sobrevivan y se fortalezcan en nuestra psique. Sólo con la muerte del ego se puede liberar al alma y ponerla al servicio de nuestro Ser.

Al respecto, Jorge Luis Borges escribió este maravilloso poema que describe este proceso psicológico. Y la cuestión es, como dice Borges, imaginar que hay un laberinto y un hilo para destejer las redes de piedra y liberar al alma, al amor.

El hilo de la fábula*

"El hilo que la mano de Ariadna dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro, o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, a su amor.

Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.

El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad. "

*(Jorge Luis Borges, Los conjurados)

El surgimiento de la maldad

Prócoro Hernández Oropeza

Acerca de cómo la humanidad conoció la maldad existen muchas versiones, coincidentes en lo general en las diversas mitologías. En el antiguo testamento se dice que Adán y Eva tenían prohibido comer el fruto del árbol que está en medio del huerto. Pero azuzada por la serpiente (el ego) Eva cayó en tentación e invitó a Adán a comer del fruto prohibido. Ya se les había advertido: si comían o tocaban ese árbol morirían. No hicieron caso de tal precepto y cayeron en la tentación. Cuando Dios se dio cuenta de ello no sólo los corrió del paraíso, sino que los condenó a vivir y conocer el sufrimiento, a vivir su propia maldad.

A la mujer le multiplicó los dolores en las preñeces y con dolor daría luz a sus hijos. Maldijo la tierra, de la cual en el futuro deberían comer plantas del campo todos los días. Desde entonces obligó a esa humanidad a ganarse el pan con el sudor de su frente. Se supone que antes de esta caída, que fue por el Sexo, la fornicación, esa raza adámica (la Lemuria) estaba formada por seres de luz que vivían en la 6ª y 7ª dimensión, por tanto no conocían la maldad y tampoco tenían que preocuparse por su manutención, ni por la muerte. Pero llegó la serpiente (la sombra del demonio) y los obligó a transgredir esa armonía paradisíaca.

En la antigua Grecia se habla de la caja de Pandora como la causante de la maldad. Pandora fue la primera mujer, hecha por orden de Zeus para introducir males en la vida de los hombres, después de que Prometeo, yendo en contra de su voluntad, les otorgara el don del fuego.

Según la mitología griega Prometeo urdió un engaño para que, en adelante, cuando los hombres hicieran sacrificios a los dioses, solo les reservaran los huesos y pudieran aprovechar para sí mismos la carne y las vísceras. Zeus, irritado por el ardid, les negó el fuego a los hombres, pero Prometeo, hurtándolo, se los restituyó.

Zeus ordenó que Hefesto modelara una imagen de arcilla, con figura de encantadora doncella, semejante en belleza a las inmortales y le infundiera vida. Su nombre: Pandora. Mientras a Afrodita le otorgó gracia y sensualidad, Atenea le concedió el dominio de las artes relacionadas con el telar y adornarla, junto a las Gracias y las Horas, con diversos atavíos, a Hermes le encargó sembrar en su ánimo mentiras, seducción y un carácter inconstante. Ello con el fin de configurar un "bello mal", un don tal que los hombres se alegraran al recibirlo, aceptando en realidad un sinnúmero de desgracias.

En su obra, Trabajos y días, Hesíodo indica que los hombres habían vivido hasta entonces libres de fatigas y enfermedades. Zeus condujo entonces a Pandora a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmaron ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenuo hermano de Prometeo, llevándole una caja, regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olímpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía de rechazarlo inmediatamente. Epimeteo, olvidándose de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella.

Apenas llegada junto a Epimeteo, Pandora abrió la tapa y en seguida volaron del recipiente innumerables males que se desparramaron por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja había un único bien: la esperanza. Así como en el Edén, los hombres vivían en plena armonía, sin conocer los terribles males, los griegos también desconocían las enfermedades y la maldad. En ambos casos hay desobediencia. Los hijos desobedecen los mandatos del Padre y por consiguiente deben pagar sus consecuencias. No son castigos, son las consecuencias de sus acciones. Y en estos ejemplos la sombra del mal, la tentación, la lujuria en él edén y la arrogancia (orgullo) de Prometeo destaparon la caja de Pandora, de la maldad, los siete pecados capitales. Dicen los maestros que cada vez que le abrimos la puerta a un Ego, entran mil, como en la caja de Pandora. En el fondo de esa caja está la esperanza. Es lo único que nos queda para redimirnos de tanta maldad. Es el fondo de nuestro corazón, nuestra alma.

Quién determina tus límites

Prócoro Hernández Oropeza

procoro@gmail.com

No busques nada afuera, busca dentro de ti. Este fue el mensaje que me llegó este fin de semana por dos diferentes medios. Uno por medio de un mail y el otro en una película que se llama El círculo de Hierro, que se filmó hace unas tres décadas y cuyo guión lo escribió aquel personaje chino que dio vida al Avispón Verde y además trajera a occidente el Kung Fu: Bruce lee.

En el mail se narra la muerte de un personaje, empleado de una empresa. En la recepción los empleados se toparon con un letrero que decía: “Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento en esta empresa. Estás invitado al velorio en el área de deportes”. Los empleados, obvio, sintieron curiosidad por saber quién había fallecido, pero sobre todo quién era esa persona que no los dejaba crecer. Así que se dirigieron al área de deportes. Los formaron en filas para pasar a ver el rostro de esa persona que nos los dejaba crecer. Todos tenían curiosidad en saber quién era ese malvado que impedía su crecimiento. Se lo merecía.

Cuando llegaban al ataúd todos tragaban saliva. Adentro sólo había un espejo donde cada uno se veía a sí mismo y un letrero que decía: “Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento. ¡Tú mismo!

En el filme El círculo de hierro (The Flaute Silence) se narra la historia de un hombre, que después de vencer en combate a sus adversarios, es elegido para ir en busca del Libro del Conocimiento. Para llegar a completar su cometido los elegidos son puestos a varias pruebas o iniciaciones fuertes, motivo por el cual sólo pocos pueden cumplir su misión. El viaje estará lleno de peligros y aprendizaje, pasando por varias etapas de evolución: la mente de mono, el prisionero deseo, el celibato, el miedo a la muerte., hasta llegar al único conocimiento, donde la filosofía y el valor tendrán mucho que decir.

Finalmente uno de ellos logra vencer todas las vicisitudes, principalmente su miedos o sombras, logra arribar su empresa. Este personaje llamado Card (Jeef Cooper), en su camino se topa con un maestro ciego que se acompaña con su flauta, protagonizado por David Carradine.

A pesar de que le otorga varias lecciones, Lord lo tacha de fraudulento y se aleja de él. Cuando vence el último obstáculo, Card es llevado al palacio donde se encuentra El Libro del Conocimiento. El palacio está ubicado en una pequeña y hermosa isla. Ahí lo reciben los guardianes del libro y lo felicitan por su triunfo. Pero Card está ansioso por ver el libro del Conocimiento y enfrentar a Zetan, su enemigo a vencer. Uno de los maestros le indica que no tiene que luchar con nadie. Es claro que aún no entendía Lord que Zetan representa al conjunto demonios con los que había luchado en su trayecto y ya los había vencido.

Cuando finalmente el maestro le muestra el libro. Este sólo tiene espejos, al igual que el féretro. Y Card sólo v e su rostro. Hasta entonces entendió que lo que buscaba ansiosamente sólo lo encontraría adentro. La sabiduría estaba en su interior y que el maestro ciego ya había encontrado ese conocimiento y por ello podía ver lo que no se puede percibir con los ojos y los demás sentidos físicos. El veía con los ojos de la intuición, con sus ojos internos.

Por doquier aparecen mensajes, sean películas correos o libros que nos dan la pauta. Para conocerte tienes que ver hacia adentro, hacia tu interior. Ahí están las principales limitantes de tu crecimiento material o espiritual. Ahí está la fuente de la sabiduría, en tu templo corazón. Desafortunadamente la mayoría de la gente las busca afuera. Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses, ya decían los griegos hace más de mil centurias.

El mito de Narciso: vanidad y orgullo

Prócoro Hernández Oropeza

Los mitos son portadores de mensaje ocultos que se conectan con nuestro subconsciente y nos proporcionan modelos de vida, prototipos de comportamiento, paradigmas o enseñanzas morales, éticas y conscientivas. Todas las culturas poseen sus propios mitos, unos más universales que otros, más ejemplares o ilustrativos de la vida humana.

La cultura griega, sin duda es una rica fuente en este tipo de mitos trascendentales y sorprendentes al mismo tiempo. En otra columna referimos acerca del mito de Ícaro, el hijo de Dédalo, quien, llevado por su soberbia, desobedeció a su padre y voló tan alto, se acercó demasiado al sol, la cera se derritió y acabó su vida.

La historia de Narciso es otro mito fascinante. Su madre, ansiosa por averiguar el destino de su hijo, consultó al adivino ciego Tiresias si vivirá hasta la ancianidad. Vivirá hasta tanto no se conozca a sí mismo, replicó Tiresias. De modo que la madre se aseguró de que el hijo no viera nunca su imagen en el espejo. Al crecer, el chico resultó ser extraordinariamente hermoso y despertaba amor en todos cuantos lo conocían. Aunque nunca había visto su cara, podía adivinar a través de las reacciones ajenas que era bello; pero nunca se sentía seguro, de modo que para ganar confianza y seguridad en sí mismo dependía de que los demás le dijeran cuan bello era. En consecuencia, se convirtió en un joven absorbido por su propia persona. Esas aparentes cualidades le fueron forjando la personalidad arrogante, el ego de la soberbia y el de vanidad. Tanto así que comenzó a creerse que nadie era digno de mirarlo.

En el bosque vivía una ninfa llamada Eco. Eco es sin duda el ego parlanchín, otra expresión de la soberbia. Eco había disgustado a la poderosa diosa Hera por parlotear demasiado; exasperada, Hera le arrebató el poder del habla excepto para responder a la voz de otro. E incluso entonces, solo podía repetir la última palabra pronunciada. Eco hacía tiempo que se había enamorado de Narciso, y lo siguió por los bosques esperando que le dijera algo porque, de otro modo, ella no podía hablarle. Pero aquel se hallaba tan envuelto en sus propios pensamientos que no notó que ella lo seguía a todos lados. Finalmente, Narciso se detuvo al lado de una laguna, en un bosque, para apagar su sed, y ella aprovechó la ocasión para sacudir unas ramas y atraer su atención.

-¿Quién está ahí? -gritó él. -¡Ahí! —regresó la respuesta de Eco. -¡Ven aquí! —dijo Narciso, bastante irritado. -¡Aquí! —repitió ella, y corrió desde los árboles, extendiendo sus brazos para abrazarlo. -¡Vete! —gritó airado—. ¡No puede haber nada entre alguien como tú y el bello Narciso! -¡Narciso! —suspiró Eco tristemente; y desapareció avergonzada, murmurando una oración silenciosa a los dioses para que este joven orgulloso pudiera algún día saber lo que significaba amar en vano. Y los dioses la oyeron.

Narciso regresó a la laguna para beber y observó el rostro más perfecto que había visto nunca. Instantáneamente se enamoró del impresionante joven que tenía delante. Se sonrió, y el bello rostro le devolvió la sonrisa. Se inclinó hacia el agua y besó los rosados labios, pero su contacto rompió la clara superficie y el bello joven se desvaneció como un sueño. Tan pronto como se retiró y se quedó quieto, la imagen regresó. -¡No me desprecies de ese modo! —Le suplicó Narciso a la imagen—. Soy el que todos los demás aman en vano. -¡En vano! —gritó Eco desde el bosque con tristeza.

Una y otra vez Narciso se acercó a la laguna para abrazar al bello joven, y en cada ocasión, como si de una burla se tratara, la imagen desaparecía. Narciso pasó horas, días y semanas contemplando el agua, sin comer ni dormir; tan solo murmuraba: -¡Hay de mí!

Pero las únicas palabras que le llegaban eran las de la infeliz Eco. Por último, su apesadumbrado corazón dejó de latir y quedó frío e inmóvil entre los lirios acuáticos. Los dioses se conmovieron ante la visión de tan bello cadáver y le transformaron en la flor que ahora lleva su nombre. Narciso. El mito es muy bello porque nos habla también de la muerte psicológica, en este caso la muerte del ego de la soberbia y la vanidad. Como resultado de esa muerte resurge el Ser transformado en una hermosa flor, el Narciso. Nuestro real Ser.

El hombre teatral

Prócoro Hernández Oropeza

procoroh@gmail.com

El hombre es un ser teatral por excelencia. Asume diversos tipos de papeles o roles dependiendo de los diversos espacios por donde se mueve. Roles o personajes que se van creando desde la escuela, la familia, la sociedad. Al respecto, hace unas décadas, mi ex maestro de Psicología de la UNAM escribió un excelente libro titulado El Hombre teatral. En dicho libro, el maestro Antonio Delhumeau describió un diagnóstico de las principales contradicciones que habitan en la conciencia del hombre urbano. Sostiene que conforme el hombre se ha tornado en un conjunto más urbano crece su afán por representar un mayor número de papeles, de roles teatrales. Tiende a especializarse más en algunos de ellos (técnicos) y a diversificarse en otros que le son genéricos o comunes (en la familia y el Estado).

Esos roles, de padre, madre, esposa, empleado, funcionario, hijo de familia, religioso o político, los puede asumir desde dos perspectivas. Desde la mismidad o desde la otredad. Desde la mismidad significa que a través de sus roles o papeles se expresa tal como es, de acuerdo a su esencia, a su auténtica y real naturaleza. Cuando lo asume desde la otredad implica asumir roles que son dictados por la sociedad, por los diversos patrones o cánones que le ofrece o le impone la sociedad, a través de sus múltiples canales o soportes sociales, ideológicos, espirituales, religiosos o culturales.

Actuar desde la otredad significa seguir patrones de conducta, programas o guiones que vienen de fuera. Nada tienen que ver con su mismidad, con su logos solar o real Ser. En esos programas se manifiestan las diferentes legiones egoicas. Unas que le azuzan a pelear para destacar, a manipular, controlar, usar la fuerza, criticar e inclusive asesinar.

En cada espacio que nos movemos usamos esos personajes o máscaras y actuamos en base a ellas, pese a que muchas veces no nos agrade. Como padres podemos usar la violencia para castigar al hijo desobediente, aunque luego nos arrepintamos. Cuando actuamos nuestros roles desde la otredad estamos actuando desde la mente sensual. Esa mente que tiene el conocimiento, la experiencia, y la memoria de todo lo que ha conocido a través de los cinco sentidos, pero la traducción de todo aquello con que se ha puesto en contacto es la traducción que hace el ego